El día 2 de junio de 2009 18:08, Pablo Manuel Rizzo <[email protected]> escribió:
Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera: en algún hexágono.
Habría que mencionar a Borges cuando se argumenta sobre el patentamiento de software, y de ideas en general.
Volviendo al tema, no es una solución total, es cierto, pero sería una mejora sustancial.
Seguramente. Pero caeríamos en otro problema: quien determina las categorías existentes, y quién determina que cosas corresponden a cada categoría. Probablemente algunas instituciones jerárquicas podrían tener algun tipo de autoridad para validar o no lo que esa institución avala o considera que se corresponde con su visión o lectura de la realidad o no, etc. Por caso, el Papa para los católicos, según su fé asistido directamente por Dios, y para el resto de los mortales alguna comisión elegida democráticamente o ad-hoc en otros casos, que a su vez tiene que tener un mecanismo para manejar el consenso y el disenso. Ya entramos en problemas por ejemplo para la categoría anarquista, quien sería el que decide si un artículo representa realmente la visión anarquista, y quien podría decirle a otro que opina diferente si su opinión es o no anarquista (para X= anarquista, y así siguiendo para cualquier otro X). Es más, podríamos imaginar el hipotético caso en el que se discute si la opinión de cualquier integrante de una organización o institución debe ser avalada o no de alguna manera por la institución que lo contiene, si es necesario diferenciarla de la posición oficial o consensuada de esa organización, si un individuo puede escribir en nombre de la organización o solo de si mismo, si requiere la revisión de un par o de nadie, y en ese caso si se crea una categoría específica diferente para ello, etc etc etc etc..... XDDDD -- Hernan Olivera