Crisis y Revolución. Diego Saravia Desde la revolución industrial la contradicción fundamental de nuestras sociedades paso por la propiedad privada o pública de los bienes de producción. Hasta la caída de la Unión Soviética se visualizaban en el planeta dos grandes conjuntos económicos respondiendo a cada postura. Los capitalistas, a los efectos de mantener el liderazgo en su sector, y frenar el avance comunista, a partir de la segunda guerra mundial , además de la guerra cultural, la guerra fría, y otros, crearon en Europa una "Economía del Bienestar". Construyeron una fuerte clase media mediante el acuerdo de los trabajadores y capitalistas europeos. Acuerdo consistente en mantener en el gobierno a partidos que no podían ser mas izquierdistas que los socialdemócratas y en garantizar un nivel de vida razonable a los trabajadores. Para sostener esto, se explotaría al tercer mundo, bajando el precio de sus productos artificialmente con subsidios al agro europeo y globalizando el libre comercio de los bienes industriales. Terminaba o se marginalizaba así en Europa la idea de "proletarios del mundo unios". Los trabajadores e intelectuales europeos vivían bien y permitían con su voto el saqueo del tercer mundo. La sociología presentada cual "ciencia" certificaba la situación. Caída la Unión Soviética, ya no fue necesario mantener este esquema y la existencia de un clase media importante en Europa constituía un factor importante de riesgo político y bajaba la tasa de ganancias capitalistas. Ya no era necesaria. La caída del sistema soviético lograda mediante la baja del precio del petroleo, la resistencia islamita en Afganistan y sus propios problemas internos, permitía a los capitalistas aumentar su situación de privilegio sin gastar tantos recursos en esta clase media. Así surge en Latinoamérica el Consenso de Washington, y políticas similares en otros bloques tercermundistas dedicadas a eliminar las pocas clases medias existentes en estos países e impedir toda posibilidad de su surgimiento. Este conjunto de medidas tuvo relativo éxito, si bien su consecuencia fue el surgimiento de una alternativa conciente de resistencia continental encabezada por Chavez, Evo Morales, Correa, y otros, estimulada por la siempre atenta Cuba, y con la simpatía de Lula, Kirchner y otros dirigentes, todos ellos identificando a sus respectivos movimientos sociales. Dada la imposibilidad de mantener el crecimiento en Europa, menos expanderlo al este, teniendo en cuenta la experiencia latina, y la resistencia global a seguir entregando recursos baratos, escenificada en la no firma de los últimos acuerdos de Libre Comercio: ALCA, Doha, etc. llego el momento de terminar la experiencia del bienestar europeo. No parecía posible dominar a los trabajadores europeos con políticas explícitas o ajustes paulatinos, era necesaria una crisis. Por otro lado esta crisis debía acelerarse, pues el consumo desenfrenado en Europa y el comienzo de la creación de una clase media china -potencialmente llamada a reemplazar a la URSS- comprometían la capacidad del planeta de proveer de recursos. Un escenario de recursos básicos caros con clases medias con poder político es lo peor que le puede suceder al liderazgo capitalista del mundo. La Crisis energética ponía en riesgo la globalización, aumentaba la fuerza de la política frente al dinero y bajaba a cero el crecimiento y con ello la renta del capital, base de la explotación capitalista. Así pues estaban todos los platos servidos para la necesidad de desatar las siete plagas sobre el esquema económico mundial. Solo una crisis amplia y global sumiría a las dirigencias políticas del mundo en el caos y otorgaría a los entes centrales de la económica global el poder de actuar, apoderarse de los recursos que pudiera y reorganizar un mundo sin clases medias y con todo el poder al capital. Fueron necesarios varias crisis previas como la del "terrorismo islamico" y la invasión a Iraq, para ir ajustando los mecanismos de acción y control, las medidas represivas y el establecimiento de una fuerza militar global. El momento perfecto durante el fin de la presidencia Bush y antes de la subida de Obama. Una típica crisis de superproducción capitalista como el exceso de inmuebles creados para garantizar el trabajo de las clases medias y un ámbito más de especulación, fue inducida por el aumento de las tasas de interés. El resto es presente conocido. Día a día caen puestos de trabajo, se inyectan enormes cantidades de dinero a los bancos, y el poder político se diluye día a día. El fin de esta historia parece conocido. La desaparición de las clases medias europeas (y en el resto del mundo), sus sindicatos y la socialdemocracia. La elevación de la tasa de ganancia y el mantenimiento de la extracción de recursos naturales bajo control por un buen tiempo. La consolidación del liderazgo capitalista global y el freno al crecimiento de China. Cada vez tendrá menos peso económico el trabajador, lo que en realidad también sucede con el capital que en muchos sectores productivos satura. Una buen parte de la maquinaria económica ya tiene demasiado capital incorporado y tampoco necesita de mucha gente. El capital se mantiene en el poder por la capacidad operativa del control monetario mundial junto al establecimiento de un alto valor reproductivo para el mismo, y la falta de peso específico de la democracia en la economía. La única forma de controlar simultaneamente el consumo energético y mantener un buen nivel de vida medio sin extremos ofensivos, es reformar el control político del planeta mediante esquemas de "una persona, un voto". Pero para ello se necesita conciencia global y partidos políticos que planteen un programa consecuente. Algunos han ensayado ideas en el marco del denominado eco-socialismo, como William Morris, Joel de Rosnay, Barry Commoner, Mary Mellor, Ariel Salleh, Rudolf Bahro, Alan Pepper, Michael Löwy y Joel Kovel. ¿Serán suficientes como principios de acción y guías para comprender la sociedad moderna? ¿Será necesario visualizar el papel de las tecnologías de la información en la distribución del poder y los bienes y servicios en el planeta, dada la menor influencia del trabajo y la gran cantidad de capital acumulado, además de las restricciones ecológicas? ¿Será la hora de las economías del conocimiento y sus contradicciones internas entre libertad o propiedad privada de conocimiento, con la aparición de nuevas clases sociales, en el fin de la edad industrial y la revolución del conocimiento? Habrá que esperar la reacción política de los perjudicados por la planeada crisis y su real abanico de posibilidades transformadoras. Los movimientos por el fin del copyright, el software libre, el libre compartir del p2p, el trabajo de pares, las economías solidarias, el cooperativismo, las redes de intercambio o trueque digital, el prosumo, quizás tengan que aportar a este debate. Así una reformulación de las ideas de Marx sobre el capitalismo, basada en los límites del crecimiento, la saturación del capital, el robotismo y las tecnologías de la información, es imprescindible. -- Diego Saravia [email protected] NO FUNCIONA->[email protected]