[Solar-general] EL MAPA DEL SOFTWARE LIBRE

Sebastian Bassi sbassi en clubdelarazon.org
Dom Mayo 30 20:52:58 CEST 2010


2010/5/30 Luciano Lamaita <lucianolamaita en ovejafm.com>:
> sociedad.solar.org.ar o pueblo.solar.org.ar o calle.solar.org.ar  ???

Esta nota refleja mi opión sobre el "pueblo":

Basta de pueblo
Por Alejandro Rozitchner
Para LA NACION
Noticias de Opinión: Miércoles 27 de junio de 2007 | Publicado en
edición impresa

¿Y si el concepto de pueblo fuera, en sí mismo y desde un principio,
una idea alienante, poseedora de un sentido al que correspondería
llamar "fascista", es decir, provocador de sumisiones de todo tipo,
despersonalizador, generador de jugadas de bajo valor político
-incapaces de reconocer complejidades o diferencias- y promotor de
sociedades extraviadas en una falsa idea de justicia? ¿No serán los
defensores del pueblo, en definitiva, los que hunden al país,
apoyándose en una idea que se supone buena, pero que en realidad
empobrece a los individuos tanto como al conjunto nacional?
¿Y si la idea de pueblo fuera siempre un instrumento de la pobreza, de
la pobreza que dice querer dejar de serlo, pero realiza acciones y
valoraciones que, en realidad, tienden a preservarla, porque la
considera una verdad social y no una situación lamentable? ¿No será la
idea de pueblo, de pueblo aguerrido, insurgente, verdadero, valioso,
infalible, un reflejo de lo monstruoso de las sociedades, de una voraz
sed de venganza, una modalidad del resentimiento incapaz de
vehiculizar procesos reales de desarrollo y crecimiento?
¿Y si cada vez que un ciudadano se embandera con el concepto de lo
popular estuviera, en realidad, enarbolando como símbolo positivo una
herramienta de su propio hundimiento y del hundimiento general? ¿No
deberíamos tender a juzgar los conceptos por los resultados que
producen, más que por su valor abstracto, y captar entonces la forma
en que la defensa de lo popular entraña siempre un deterioro de la
vida de las personas? ¿Cuál es la moral implícita en la idea de
pueblo? ¿Una de responsabilidades que tienden al desarrollo o, más
bien, una de simplezas exculpatorias y amenazantes?
¿Qué opción tenemos? ¿De qué otra manera denominar al conjunto de las
personas para que la suma de todos no genere una idea equívoca y se
transforme en una forma de fomentar como valor lo que tendríamos que
desechar como conducta social? ¿Lo que puede crecer y desarrollarse es
en realidad un pueblo o, tal vez, más bien un país, una comunidad, una
sociedad? ¿No hay que elegir el concepto que permita el crecimiento
deseado, para aludir al conjunto de personas que desean ese resultado,
el concepto que realmente actúe como catalizador de esas fuerzas que
deben realizar el trabajo de una transformación social que se expanda
en vitalidad y bienestar? ¿Será que San Martín representaba un anhelo
popular, que era el pueblo el que luchaba en su ejército liberador, o
que hemos creído en ese concepto de una manera excesiva, privándonos
de ver otros fenómenos más precisos de su época, ajenos al englobador
concepto "pueblo", que no podemos fácilmente pensar pero que
revelarían otras formas y otras motivaciones? ¿Fue el pueblo el que
luchó, o eran personas? ¿No es importante para poner en juego esa
fuerza concebirla apropiadamente, dar en el clavo de la pasión por
vivir, que es la fundamental generadora de cambios y de apuestas
riesgosas y necesarias?
¿A qué convocaba Perón cuando aludía al pueblo? ¿A una multitud de
adoradores, de personas que disfrutaban volviéndose hijas de un líder
bueno, que les daba, por un lado, mejoras notorias, pero al mismo
tiempo las despojaba, como las ha despojado desde siempre el
peronismo, de importantes capacidades productivas y vitales, amasando
con las individualidades un conjunto manipulable y que no ha sabido
-son hechos, no opiniones- sacar el país adelante a lo largo de
décadas? ¿No es nuestro pueblo, el pueblo peronista, en el fondo y
desde siempre, un objeto mussoliniano, creado o recreado por ese
artista del poder mediante cuya observación Perón construyó su propio
arte de conductor de masas? ¿Y el pueblo de la izquierda, esa
entelequia, ese pueblo invocado que no responde al llamado del que
supuestamente es su movimiento representativo, tal vez porque hay
tanta falsedad en tal visión del mundo que no siente que le estén
hablando, porque el pueblo en realidad no existe, porque las personas
sólo aceptan volverse pueblo un rato y para determinados fines
concretos que la política no tanto encarna sino que crea, inventa, en
una invención más nociva que beneficiosa?
¿No es correcto pensar de nuevo, atreverse a nuevas visiones, al uso
de nuevos conceptos, atreverse a la sospecha de que nuestro hábito
mental puede, en realidad, estar traicionándonos, ser inadecuado,
necesitar cambios profundos? ¿Por qué seguir incuestionadamente
utilizando ideas que, como la de pueblo, nos orientan hacia efectos no
deseados ni convenientes para el gran número de habitantes, cuando
podrían funcionar mejor conceptos como personas, comunidad, sociedad,
gente, nosotros? ¿No es importante captar el sentido de estar juntos
de manera tal que podamos expresar la riqueza del intercambio y la
diferencia, más que buscar hacer un rejunte tosco de voluntades,
necesidades y deseos en el también tosco concepto de pueblo? ¿Será que
la idea de pueblo fue útil en su momento, en otras etapas de la
historia, pero que en las nuevas circunstancias un país, incluso un
país con dificultades como el nuestro, debe poder pensarse de otra
forma para poder acceder a logros más significativos? ¿No es, en
definitiva, el mecanismo democrático precisamente, más que la
expresión del pueblo, la expresión personalísima y secreta de las
personas, de los individuos que formulan su preferencia en
circunstancias protegidas, lejanas del grito público y agresivo con
visos mafiosos y prepotentes, que caracteriza precisamente al llamado
pueblo? ¿Para qué estamos? ¿Para ser muchos que se juntan de cualquier
modo y al amucharse se distorsionan, o para ser personas capaces de
vida íntima, determinada, concreta, plena, posible y creadora? ¿Acaso
a la pregunta por la identidad debe responderse con contenidos
populares o más bien con realidades personales, más reales que las
imposturas reivindicativas que fomentan en realidad la sumisión? ¿No
debe nuestro país ir por fin más allá de las retóricas para adentrarse
en las realidades, y ajustar entonces las ideas para que tal cosa sea
posible?

La dirección electrónica de Rozitchner es www.100volando.net



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