[Solar-general] algunas joyitas del controvertido y genial Borges

Luciano lucianolamaita en gmail.com
Sab Nov 7 23:14:00 CET 2009


fue un dejavu!!! Pablo me ganaste de mano!! iba a transcribir la nota de
Bayer. Ojalá siempre se gane de mano con cosas como estas!! Quiere decir
que estamos en sintonía!!
Salud!!

El sáb, 07-11-2009 a las 21:50 +0000, Pablo Manuel Rizzo escribió:
>         crear una nueva sociedad. Lo anarquistas lucharon por una
>         sociedad libre
>         y los vencieron! Los pacifistas lucharon por la no violencia y
>         la paz; y
>         los mataron de la forma más violenta. Lo bueno que los ciclos
>         existen y
>         siempre hay gente que se comprometen. eso es lo que aun me
>         motiva. no me
>         resigno. Ojalá exista el día que la violencia desaparezca; no
>         creo lo
>         llegue a ver, pero existirá!!
> 
> 
> 
> 
> El bondadoso ajusticiador
> Por Osvaldo Bayer
> 
> 
> El próximo lunes 9 se cumplirán cien años de un suceso que conmocionó
> a Buenos Aires. Un joven ruso, de 18 años, había hecho volar por el
> aire con una bomba nada menos que al todopoderoso jefe de policía de
> Buenos Aires, coronel Ramón L. Falcón. El ejecutor era un anarquista
> llamado Simón Radowitzky y con su acción quiso vengar a sus compañeros
> asesinados el 1º de mayo de ese 1909, en la represión encabezada por
> el militar contra la manifestación de los obreros que recordaban las
> figuras de los cinco anarquistas condenados a muerte por la Justicia
> de Estados Unidos, por su lucha a favor de las ocho horas de trabajo.
> Un muchacho recién salido de la adolescencia, nacido en Rusia, y
> “además judío”, como señalaban las crónicas de nuestros diarios, se
> atrevía contra quien aparecía como el hombre de más poder en todo el
> país.
> 
> El coronel Falcón había sido el mejor oficial del general Roca en el
> exterminio de los pueblos originarios en la denominada Campaña del
> Desierto. Además, había llegado a la fama en aquella Argentina
> conservadora como el represor de las huelgas de conventillos, llevadas
> a cabo por las mujeres inmigrantes que se negaban a pagar los aumentos
> constantes del alquiler por parte de los propietarios. El coronel
> Falcón demostró su hombría de bien y su título de coronel entrando a
> palo limpio en esos palomares de la miseria y del hacinamiento que
> eran los miserables domicilios de 140 habitantes por conventillo, que
> poseían un solo excusado como se llamaba a los retretes de aquel
> tiempo. Ya como Roca lo había llevado a cabo el 1º de mayo de 1904,
> Falcón imitó a su jefe ese Día del Trabajador y atacó a los setenta
> mil obreros que llenaban la Plaza Lorea. Las crónicas dirán luego que
> quedaron “36 charcos de sangre”. Fue un ataque feroz de total cobardía
> porque, sin aviso previo, el militar ordenó a la fusilería de la
> policía abrir fuego contra las columnas obreras. Pero los anarquistas
> no eran hombres de arrugar y guardar silencio. Desde ese momento
> dijeron que el tirano iba a pagar con su vida tamaña cobardía. Y fue
> así como ese joven ruso, Simón, se ofreció a no dejar impune el crimen
> del poder. Le arrojó la bomba a la salida de un acto en el cementerio
> de la Recoleta y tanto el coronel como su secretario fallecieron por
> efectos del explosivo. Cómo lloraron los diarios al dar la noticia, en
> especial La Nación. Había sido muerto uno de los pilares del sistema.
> 
> La historia continuará con el destino de Simón. Lo apresarán. Le
> iniciarán juicio y lo condenarán a muerte, aunque él siempre sostuvo
> que era menor de edad. Para esos menores de edad y para las mujeres no
> había pena de muerte. Lo demostrará con una partida de nacimiento
> llegada de Rusia y será condenado a prisión perpetua. Como no tuvo
> éxito una huida preparada por sus compañeros anarquistas fue
> trasladado a Ushuaia, la Siberia argentina, donde todo preso iba
> indefectiblemente a morir. Más todavía, que cuando llegaba el
> aniversario de su atentado contra Falcón, se lo condenaba a estar una
> semana en un calabozo al aire libre, sin calefacción. Pero el “ruso”
> Simón se fue convirtiendo en el alma del presidio. El siempre daba un
> paso al frente en la protesta cuando a algún otro preso se lo
> castigaba o se cometían injusticias en el trato general. Fue durante
> toda su estada el verdadero “delegado” defensor de esos presos
> comunes. Y políticos. Por eso mismo se lo sometía a un tratamiento de
> terror. Pero el “ángel de Ushuaia”, como se lo llamaba, no daba su
> brazo a torcer sin temor a las represalias de los guardiacárceles. Los
> que lean La casa de los muertos o El sepulcro de los vivos, del gran
> escritor Fedor Dostoievsky, que describe las cárceles de Siberia, y
> sufren con los padecimientos de los condenados, no sospechan que en
> territorio argentino existió un lugar exactamente igual construido por
> Roca, de donde son muy pocos los que salieron con vida o retornaron a
> la sociedad con sus facultades mentales normales.
> 
> Los anarquistas de todo el país siempre lo recordaron a Simón y
> lucharon en grandes jornadas de manifestaciones por su libertad. E
> intentaron un operativo como sólo los anarquistas sabían prepararlos.
> Lograron liberarlo y embarcarlo en un pequeño velero rumbo a Chile
> pero, cerca de Punta Arenas, guardias chilenos lo sorprenden y lo
> entregan nuevamente a las autoridades argentinas. La venganza será
> tremenda: Simón será encerrado durante más de dos años en una celda,
> aislado, sin ver la luz del sol y sólo a media ración. Pero en los
> círculos obreros y políticos, Simón gana cada vez más popularidad. Las
> calles de Buenos Aires y de otras ciudades tendrán pintadas con
> “Libertad a Simón” y su retrato aparece en las ediciones de todas las
> publicaciones libertarias.
> 
> Mientras tanto, le envían dinero que se recauda en las fábricas. Pero
> Simón no lo aprovecha para su persona sino que lo reparte entre los
> enfermos del penal y la compra de libros para la escasa biblioteca de
> la cárcel. Los pedidos de indulto para el preso le llueven al
> presidente Yrigoyen, quien finalmente se lo otorgará en el 13 de abril
> de 1930. Simón había padecido veintiún años de prisión. Pero la
> reacción de los militares y de la prensa es muy grande contra la
> decisión del primer mandatario. De manera que el preso es traído por
> un barco de la marina de guerra hasta el Río de la Plata. Allí es
> obligado a trasladarse al buque de la carrera que une a Buenos Aires
> con Montevideo y de esa manera es expulsado del país hacia Uruguay.
> 
> Allí, en la otra orilla, es recibido por manifestaciones obreras que
> le dan lugar en sus sedes y lo saludan como al mejor compañero. Al
> quedar libre, Simón recuerda a sus compañeros presos en Ushuaia y
> dirá: “La separación de mis compañeros de infortunio fue muy
> dolorosa”. Comenzará a trabajar días después como mecánico y más tarde
> se prestará a ser mensajero entre los anarquistas del Uruguay y de
> Brasil. Hasta que se acaba la democracia en la Banda Oriental y
> comienza la dictadura de Terra, quien ordena su detención. El
> anarquista es confinado en la isla de Flores. Allí las condiciones son
> pésimas. Debe dormir en un sótano. Permanecerá más de tres años en
> esas condiciones hasta que sus compañeros de ideas logran su libertad.
> Pero al llegar a Montevideo es apresado nuevamente y llevado a la
> cárcel. Hasta que, liberado de nuevo, decide marchar a España donde ha
> estallado la guerra civil con el levantamiento de los militares de
> Franco contra la República. Allá Simón formará parte de los grupos que
> lucharán contra los militares alzados. Pero no usará armas, oficiará
> de transportador de alimentos para las tropas del frente,
> principalmente para los soldados que están en trincheras. Hasta que
> llega la derrota del pueblo y Simón será uno de los tantos que
> marchará a Francia a refugiarse y de allí podrá embarcarse hacia
> México.
> 
> En México pedirá trabajar en una fábrica de juguetes para niños. Así
> transcurrirán los últimos dieciséis años de su vida entre el trabajo y
> las charlas y conferencias que daba a sus compañeros de ideas. Siempre
> sostuvo, hasta el fin, que la gran revolución humana sólo la podía
> hacer el socialismo libertario, hasta lograr la paz eterna y la
> igualdad entre los pueblos.
> 
> En la Argentina, los dueños del poder siempre trataron de ignorar esta
> figura que parecía salida de una novela de Dostoievsky. El que había
> alzado la mano para eliminar a un tirano y que en su vida posterior se
> comportó como un ser de bondad extrema y de espíritu de solidaridad
> con los que sufren. En la década del sesenta publiqué un estudio sobre
> este ser humano que titulé: “Simón Radowitzky, ¿mártir o asesino?”, en
> la revista Todo es Historia, que dirigía Félix Luna, fallecido hace
> unas horas. Siempre le agradeceré a Falucho Luna ese gesto, de
> permitirme publicar en sus páginas investigaciones sobre los héroes
> libertarios que actuaron en nuestro país en las primeras décadas del
> siglo pasado.
> 
> 
> 
> Link a la nota:
> http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-134856.html 
> 
> 
> 
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