[image: José María Lamorte] <http://www.bloggers.com.ar/system/bitacora.php?showCV=1&id_prod=2> 08/06/2006 Cartas sobre la mesa Con la desactivación de Pymes en la Red, el sector de las TICs se perdió la oportunidad de conformar una propuesta integradora que lo acerque definitivamente al segmento más importante de la economía nacional. "Los privados tenemos responsabilidad, pero el Estado también", reflexionaba un ejecutivo sobre el fracaso de Pymes en la Red. Si como es de esperar en las próximas semanas cada parte analice su parte de responsabilidad, una vez finalizado el duelo habrá que ponerse a pensar en generar una nueva instancia desde la industria que incluya a las Pymes. Siempre es odioso recordar las advertencias una vez cometido el error, pero el lector podrá encontrar reflejadas en el análisis realizado por Bloggers el mismo día del anuncio, hace un año, las dudas que los propios participantes manifestaban sobre la iniciativa. Pocas veces la industria informática tuvo la oportunidad de participar en forma conjunta de un proyecto de tamaña envergadura. El programa incluyó al Gobierno, los Bancos, las Cámaras, a los principales fabricantes y proveedores del mercado, integradores de todos los tamaños, y proponía articular mecanismos de financiación para acercarse al sector más numeroso e influyente de la economía doméstica: Las Pymes. ¿Qué falló? Pueden enumerarse algunas cuestiones, que seguramente no terminen de completar la lista de razones para explicarlo: El Estado nunca terminó de comprometerse. Si como dicen los participantes, su rol se limitó a articular la conformación del CAI, y luego el Banco Nación dificultó el otorgamiento de créditos, más que ser un facilitador resultó ser parte del problema. A propósito, el fracaso de l programa también abre un signo de interrogación respecto al apoyo oficial para la promoción del sector y parece estar a años de luz de la administración que impulsaba las TICs desde los Foros de Competitividad. Porque la iniciativa desde su enunciado sonaba loable. Sin embargo, a la hora de instrumentarse, fabricantes, proveedores e integradores chocaron con la complejidad de un reglamento confuso. Unos se quejaban de no tener injerencia para determinar qué componentes se incluían en los productos "cerrados", que eventualmente podía contener piezas de marcas ajenas al programa. Otros reclamaban igualdad de condiciones para participar en los ensambles de productos abiertos y de incompatibilidades entre componentes que los perjudicaban. También fue motivo de polémica el requisito de pertenecer a la categoría de "fabricantes locales", -que aportaban $ 10.000 para participar-, como condición para vender equipos. Esa situación provocaría que un pequeño integrador estuviera obligado a comprarle a su competidor más grande, para luego revender. Se dijo que eso beneficiaba solo a los socios más grandes. Pero en definitiva, si durante su año de vida el programa apenas cristalizó un par de proyectos de los 2.000 planificados para los primeros seis meses, entonces todas esas cuestiones y las que no están enumeradas fueron planteos abstractos. ¿ O en realidad esas discusiones escondían otras razones?. Será cuestión de poner las cartas sobre la mesa. -- FELIX ZOLEZZI
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Felix Zolezzi