No es nada novedoso, pero está bien planteado y simple el problema del significado de algunas palabras y los múltiples conceptos que pueden contener. PD: ayer estuve en un acto de Kirchner donde dijo que "en el 65 la expulsaron a Cuba de la OEA y ahora vuelve" ¿? _____________________ El horizonte de la Patria GrandeCuba, la OEA y las palabras Por Ricardo A. Guibourg * En 1962, Cuba fue expulsada de la OEA. Dijeron que porque no era un país democrático. Varios de los Estados que la expulsaron estaban entonces gobernados por regímenes autoritarios, en tanto sangrientas dictaduras fueron impuestas en otros durante el resto del siglo XX. ¿Qué significaba “democrático”? Un poco antes, en 1954, el gobierno elegido de Guatemala fue acusado de comunista. En una reunión internacional, su canciller pidió que se definiera “comunista”. Se le respondió que cualquiera sabía lo que eso quería decir. Inmediatamente se instauró en Guatemala un régimen dictatorial que, seguramente, no debía ser comunista. Ahora, la OEA acaba de revocar la expulsión de 1962. Algunos de los Estados americanos acusan a otros Estados hermanos de ser algo así como comunistas y no faltan los que son calificados por sus opositores como dictatoriales. Cuba sigue siendo como era y, por su parte, es el único Estado americano que se autocalifica como comunista. Acerca de episodios como éstos, cada uno tiene sus juicios y sus preferencias. Yo tengo los míos, que no pretendo hacer valer aquí. Pero, cualquiera sea la posición de cada uno, es preciso admitir que, así como la primera víctima de la guerra es la verdad, la víctima constante de la política es el lenguaje, porque deja de ser medio de comunicación y entendimiento para convertirse en arma arrojadiza. La potencia ofensiva y defensiva de las palabras reside en su contenido emotivo: no en el significado que les asignen los diccionarios, sino en su capacidad para despertar sentimientos en la mente de las personas, aun con independencia de aquel significado. “Libertad”, “democracia”, “igualdad”, “dignidad”, “justicia” son palabras que acarician el alma. Pero, cuando intentamos atribuirles una definición efectivamente operativa y no un mero trueque de palabras bonitas, encontramos azorados que su significado ha sido tan manipulado que ya casi no existe: cada uno designa con esos vocablos lo que más le gusta, mientras otros, desde posiciones diferentes, llaman caos a la libertad, ficción a la democracia, miseria a la igualdad, hipocresía a la dignidad y opresión, impunidad o burla a la justicia. Todos queremos poner las cosas en su lugar y llamar a cada situación por su nombre; pero para eso tendríamos que reconocer primero que es preciso reconstruir los significados, para que podamos entendernos y, con ese requisito, apreciar si estamos de acuerdo o en desacuerdo, y en qué puntos lo estamos. Ojalá éste fuera un problema puramente lingüístico: hay profundas controversias filosóficas que lo mantienen abierto, como una herida del pensamiento, y hace tres mil años que menospreciamos esas controversias, sin resolverlas, porque queremos ir “a lo práctico”. Pues bien, estamos ante los resultados de la práctica: cualquiera sea nuestra opinión, intentemos resolver estos galimatías de los últimos 55 años. Si no podemos, acerquémonos por un rato a la reflexión filosófica. * Director de la maestría en Filosofía del Derecho de la UBA. _____________________ -- Pablo Manuel Rizzo ------------------------------- http://pablorizzo.com -------------------------------