-----BEGIN PGP SIGNED MESSAGE----- Hash: SHA1 Interesantísimo artículo, particularmente donde se menciona el argumento "deuda odiosa", y de cómo es aceptado o denegado coinvenientemente según quién intente utilizarlo o valerse de él. Espero que lo disfruten y como siempre me interesa escuchar sus opiniones al respecto. Saludos! Nanux. *La Argentina imprevisible, la Argentina digna* por Miguel Ángel Ferrari El sábado pasado, el grupo de los siete países más ricos del mundo, reunidos en el estado de Florida, envió un mensaje a nuestro país. De modo simple y contundente señaló: "Llamamos a la Argentina a que instrumente políticas acordes con el Fondo Monetario Internacional. Argentina debería involucrarse constructivamente con sus acreedores para lograr un alto porcentaje de participación en la reestructuración". Obviamente, los representantes de los países centrales (Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia y Japón) se estaban refiriendo a la deuda externa argentina -en cesación de pagos (o /default/)- con los acreedores privados, los llamados bonistas. Hace cuatro horas terminó la reunión entre el ministro de Economía, Roberto Lavagna, y el titular del Fondo Monetario Internacional, Horst Köhler. El ministro argentino se esmeró en hacerle comprender a Köhler que Argentina "trabaja de buena fe". Sería bueno preguntarnos: ¿el Fondo Monetario también trabaja de buena fe? Este grupo de los siete países más ricos del planeta, (o /G7/ como se lo denomina en el argot político internacional), actúa permanentemente como el gobierno del mundo. Si nos atenemos al derecho internacional, se trata de siete países que deberán respetar los iguales derechos y la autodeterminación de los demás países que integran la comunidad internacional. Por lo menos esto es lo que dice un inciso del artículo 1º de la Carta de las Naciones Unidas. Si, en cambio, nos remitimos a la situación de hecho, nos encontramos en presencia de una coalición de países cuyo producto interno bruto sumado excede al del resto de los países de la Tierra. Y, con perdón de la democracia y del derecho, esta es la razón principal que le confiere esa "autoridad" que -en la práctica- torna al G7 en una suerte de gobierno del mundo. El capitalismo es el sistema dominante en el orbe y las reglas de juego surgen de esa ideología. Tanto es así que para muchos argentinos, resulta absolutamente normal que estos señores nos indiquen qué debemos hacer y qué no debemos. Si en lugar de ceñirnos al pensamiento capitalista, nos ajustamos a un modo de pensar democrático, caeremos en la cuenta que a estos gobernantes del mundo, cuyas poblaciones sumadas alcanzan sólo el 11 por ciento de la totalidad de los habitantes del planeta, los ha seleccionado en elecciones relativamente democráticas -exagerando- un 30 por ciento de los ciudadanos de sus países. Es decir, un 3,3 por ciento de la población del globo. En consecuencia, estos dirigentes votados por 3 personas de cada cien que habitan la Tierra, se arrogan el derecho de ordenar a los demás seres humanos qué es lo que deben hacer. Y, como si este absurdo no fuera suficiente, se lo corona con otro absurdo mayor, consistente en hacerle creer al resto de los mortales del planeta que esto es lo más normal, siendo que sus políticas han sumido en la pobreza y la exclusión a millones de mujeres y hombres. Pero el absurdo no termina aquí, ni mucho menos. En ese "tirón de orejas" a la Argentina... (¿se acuerda cuando con total indignidad se hablaba de que había que "hacer los deberes"?)... el G7 dice textualmente que nuestro país debe instrumentar políticas "acordes con el Fondo Monetario Internacional". Las políticas que se vienen implementando ininterrumpidamente, desde la dictadura militar -nos preguntamos-, ¿no eran acordes con el Fondo Monetario Internacional? Le preguntamos al G7 -haciéndonos los ingenuos-, ¿no fueron, acaso, esas políticas las que nos llevaron a esta trágica situación que explotó en diciembre de 2001? Extraña terapia la de estos toxicólogos que, en lugar de curar al paciente, se preocupan por preservar el veneno. Cuando la dictadura militar asaltó el gobierno, la deuda externa ascendía a 7.800 millones de dólares. Siete años después, cuando se produjo el advenimiento de la democracia electoral, esta deuda ascendía a 45.100 millones de la misma moneda, ¡casi seis veces más! Aquí conviene que nos detengamos un instante. Los que ahora desde la Argentina defienden el cumplimiento de los compromisos financieros tomados por el país, como es el caso del diario La Nación y toda esa banda de economistas neoliberales, fueron cómplices del crecimiento ilegítimo de una deuda tomada al margen de los preceptos constitucionales. La Constitución Nacional de 1853 establece en su artículo 67 (respetado en la reforma de 1994 en su artículo 75) que entre las atribuciones del Congreso se hallan las de "Contraer empréstitos de dinero sobre el crédito de la Nación" y "Arreglar el pago de la deuda interior y exterior de la Nación". Durante esos negros años de la dictadura el Congreso de la Nación -como todos sabemos- no funcionó. Entonces... ¿quién asumió esas atribuciones? Las asumió un gobierno de facto, al margen del derecho, para beneficio de sus integrantes y de los grupos económicos nacionales y extranjeros del que fue fiel representante. Tan fiel representante que mediante una resolución del Banco Central, por entonces conducido por Domingo Felipe Cavallo, se resolvió nacionalizar la deuda externa privada. En buen romance, la deuda fue cargada sobre las espaldas de todos los argentinos. Pero esto no es suficiente. Ahora, luego de agresión a Irak, el gobierno de los Estados Unidos ha sacado a relucir el tema de la "deuda odiosa", con el propósito de anular o reducir drásticamente la deuda externa iraquí, lo que equivale a decir, la deuda externa de la nueva colonia estadounidense con centro en Bagdad. _La "deuda odiosa" podría ser sintetizada de este modo: "Si un poder despótico (por ejemplo el régimen de Saddam Hussein) contrae una deuda, no para sus necesidades o las necesidades del Estado, sino para fortalecer su régimen despótico, para reprimir a la población que le combate, esta deuda es odiosa para la población del Estado entero. Esta deuda no es obligatoria para la nación: es una deuda del régimen, deuda personal del poder que la contrajo; en consecuencia, desaparece con la caída de ese poder" (Alexander Sack, "Los efectos de las transformaciones de los Estados sobre sus deudas públicas y otras obligaciones financieras", Colección Sirey, 1927)._ Vale decir que Washington esgrime una doctrina justa para diluir la deuda externa de Irak (que ahora es "su" deuda) y hace caso omiso a las mismas razones que le asisten a la Argentina para repudiar la deuda contraída por la dictadura militar. Al tiempo que exhorta a nuestro país, a través del G7, a "involucrarse constructivamente con sus acreedores para lograr un alto porcentaje de participación en la reestructuración". ¡Más cinismo es imposible! El columnista de La Nación, Joaquín Morales Solá, en su nota de ayer titulada "El riesgo de 'malvinizar' la deuda pública" defiende a los bonistas, diciendo que fueros defraudados por la Argentina, desde uno de los diarios -no fue el único- que le dio sustento a la criminal dictadura que profundizó como ningún gobierno lo hizo (ni siquiera el de Menem) el endeudamiento argentino. Ese endeudamiento ilegal que luego - -plan Brady mediante- se transformó en bonos de la deuda argentina, comprados por fondos buitres y muchos ciudadanos del mundo. La mayoría con la actitud de apostar en un casino, sin tener siquiera la dignidad del "timbero" que ante "la mala" actúa como buen perdedor. El argumento del columnista del diario que apoyó -entre otros- al dictador Galtieri es que " 'Malvinizar' el conflicto de la deuda podría construir de nuevo una Argentina aislada, pobre, imprevisible, como un empedernido suicida". La Argentina pobre y suicida es, en realidad, la Argentina dócil a los dictados del Fondo Monetario Internacional. Es la Argentina que sextuplicó su deuda durante la dictadura, y luego -sobre esa cifra- la triplicó con los gobiernos civiles: radicales, peronistas y de la Alianza. La Argentina imprevisible para el periodista que escribe en el diario amigo de la dictadura, es -en realidad- la Argentina digna de la Doctrina Drago, por ejemplo. Esa doctrina basada en la valiente nota enviada en 1902 por el doctor Luis María Drago, entonces ministro de Relaciones Exteriores -valga la paradoja- del presidente Julio Argentino Roca, al entonces presidente de los Estados Unidos, Teodoro Roosevelt, quien en diciembre de 1901, con motivo de la intervención armada de Alemania, Inglaterra e Italia, contra Venezuela, a causa de deudas impagas del país sudamericano, señaló que no obstaculizaría la agresión militar de que era objeto Venezuela y que sólo se oponía a la adquisición territorial. En esa nota, el canciller argentino expresó "su repudio respecto del empleo de la fuerza armada para constreñir a un Estado extranjero a cumplir sus compromisos y liquidar así los atrasos pendientes de pago de su deuda pública", afirmando que "su práctica es contraria a los principios de derecho internacional". La Argentina imprevisible para los representantes del /establishment/, es para nosotros la Argentina digna que corporizó Carlos Saavedra Lamas, el canciller argentino y premio Nobel de la Paz, que se opuso firmemente a la aplicación de la Doctrina Monroe en América latina. Es la Argentina de los generales Enrique Mosconi y Manuel Nicolás Savio, defensores de nuestro petróleo y nuestro acero respectivamente. La Argentina imprevisible para el diario La Nación, es la Argentina que siempre molestó a los intereses del imperio. Los representantes argentinos de los grandes grupos financieros, prefieren la Argentina previsiblemente dócil, la Argentina del Pacto Roca-Runciman, cuando la oligarquía nativa consideraba a nuestro país como "una perla de la Corona británica". Prefieren la Argentina que adhirió al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), pergeñado por Washington en la época de la Guerra Fría, que luego se negaron a aplicar en la Guerra de Malvinas. Prefieren la Argentina de la llamada "Revolución Libertadora" que incorporó al país al Fondo Monetario Internacional, mientras fusilaba en los basurales. Prefieren la entrega del petróleo de Frondizi primero, y de Menem después. Prefieren el golpe de Onganía al gobierno del presidente Arturo Illia y el comienzo de la extranjerización de nuestra economía. Prefieren a Martínez de Hoz y a sus militares secuaces, con la aplicación temprana del neoliberalismo, acompañado de torturas y desapariciones. Prefieren gobiernos dóciles como el de Raúl Alfonsín, que se desplazó del Preámbulo de la Constitución Nacional al Pacto de Olivos. Prefieren gobernantes como Carlos Menem, dispuestos a entregar la soberanía antes de que se lo pidan, a condición de que les quede un retorno. Prefieren a presidentes como Fernando de la Rúa, que -tarjeta mediante- "flexibilicen" a los trabajadores. *En fin, es hora de hablar claramente. Democracia real y soberanía o país "tirado más abajo del mar", como diría Julio Cortázar.* -----BEGIN PGP SIGNATURE----- Version: GnuPG v1.2.4 (MingW32) Comment: Using GnuPG with Thunderbird - http://enigmail.mozdev.org iD8DBQFANJgTECxWCZ8gjxURAnvjAJ0bW3IMQxTmz+Llu0NQiXAnGcavZgCgkPIn B0hPMQfsNMW7ZooE0nKqLEU= =91f8 -----END PGP SIGNATURE-----