parte del - Discurso de toma de posesion delPresidente George W. Bush Esta no es de primera instancia la tarea de las armas, aunque nos defenderemos y defenderemos a nuestros amigos con la fuerza de las armas cuando sea necesario. La libertad, en esencia, debe ser escogida y defendida por los ciudadanos, y mantenida por el imperio de la ley y la protección de los grupos minoritarios. Y cuando el alma de la nación finalmente se pronuncia, las instituciones que surgen pueden reflejar costumbres y tradiciones muy diferentes a las nuestras. Estados Unidos no impondrá nuestro propio tipo de gobierno a los que no lo desean. Nuestro objetivo, más bien, es ayudar a los demás a encontrar su propia voz, lograr su propia libertad y abrirse su propio camino. El gran objetivo de poner fin a la tiranía se refleja en el trabajo dedicado de muchas generaciones. El carácter difícil de la tarea no es excusa para evitarla. La influencia de los Estados Unidos no es ilimitada, pero para dicha de los oprimidos, la influencia de los Estados Unidos es considerable, y la utilizaremos con confianza por la causa de la libertad. Mi deber más solemne es proteger a esta nación y sus ciudadanos de más ataques y de amenazas emergentes. Hay quienes insensatamente han optado por poner a prueba la determinación de los Estados Unidos y han descubierto que es firme. Aclararemos persistentemente la opción ante cada gobernante y cada nación: La opción moral entre la opresión, que siempre es incorrecta, y la libertad, que es eternamente correcta. Estados Unidos no fingirá que los disidentes encarcelados prefieren sus cadenas, o que las mujeres acogen la humillación y servidumbre, o que existe ser humano que aspira a vivir a la merced de matones. Fomentaremos la reforma en otros gobiernos al dejar en claro que el éxito en nuestras relaciones requerirá el tratamiento decente de sus propios pueblos. La convicción de los Estados Unidos de la dignidad humana guiará nuestras políticas. Sin embargo, los derechos deben ser más que concesiones a regañadientes de dictadores; son garantizados por la libre discrepancia y la participación de los gobernados. A la larga, no existe la justicia sin la libertad, y no pueden existir derechos humanos sin la libertad humana. Estoy consciente de que hay quienes han cuestionado el atractivo mundial de la libertad aunque este momento de la historia, cuatro décadas definidas por el más veloz avance de la libertad jamás visto, es un momento peculiar para las dudas. Los estadounidenses, de todos los pueblos, nunca deben verse sorprendidos por el poder de nuestros ideales. Al fin de cuentas, el llamado de la libertad llega a toda mente y a toda alma. No aceptamos la existencia de la tiranía permanente porque no aceptamos la posibilidad de la esclavitud permanente. La libertad les llegará a aquéllos que la aman.