[Bah-smv-jarapa] [Bah-smv-general] Los sabores perdidos de la abuela

Pedro Zorrilla Miras pedromexica en hotmail.com
Dom Sep 14 11:51:42 CEST 2008


Viva vivero del bah!


 
            
            


  
	Los sabores perdidos de la abuela
		Hay
cosas que difícilmente volverán. Decenas de razas de ganado y miles de
variedades de plantas se pierden cada año. Un daño a la diversidad y a
la alimentación. 
		
		
			JAVIER RICO 14/09/2008 
			
			
			
	  
        
	    
        Decenas
de razas de ganado, como la vizcaína vaca monchina o la gallina pinta
pinta asturiana, y miles de variedades de plantas cultivadas se pierden
cada año en todo el mundo. Esta merma genética afecta a la base de
nuestra alimentación y empobrece la diversidad natural y cultural de
nuestros campos.
        
        

        
				
        
            
        
        
        

Manzanas verde doncella, belleza de Roma, melapio y blanquilla;
peras de bella Angelina y de cristal; pimientos gordo morrón,
cornicabra, italiano y guindilla... Visitar el huerto familiar de Juan
Nieto, agricultor jubilado, equivale a entrar en un pedazo de selva de
biodiversidad domesticada en la que crecen casi 50 variedades
diferentes de plantas. Muy posiblemente, este vergel situado en un
hermoso paraje de Peñacaballera, un pueblo de la salmantina sierra de
Béjar, tenga en su interior, sin conocerlo Juan, los últimos ejemplares
crecidos en su entorno de cultivos en peligro de extinción.También
en Castilla y León, en Castrillo de Villavega (Palencia), Aurelio
Robles, agricultor e ingeniero técnico agrícola, se ha propuesto crear
un vivero con semillas e injertos de árboles frutales que van camino de
la desaparición. Lleva 150 variedades y afirma que muchos de ellos
estaban plenamente adaptados a las condiciones de clima y suelo de la
zona y eran resistentes a plagas y enfermedades.Más variedades
guarda aún el Centro de Recursos Fitogenéticos del Instituto Nacional
de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (CRF-INIA) en sus
instalaciones de Alcalá de Henares (Madrid): cerca de 70.000. Y, más
aún, el Depósito Mundial de Variedades que se abrió a principios de año
en las tierras gélidas del archipiélago de Svalbard (Noruega). Aunque
ha comenzado con 200.000 semillas, tiene capacidad para 4,5 millones de
muestras.Todas estas iniciativas intentan asegurar la
pervivencia de un patrimonio genético que se pierde día a día ante el
avance de una agricultura y una ganadería intensivas que favorecen el
monocultivo y la producción masificada. Según la Organización de la
Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), gran parte
de la población mundial se alimenta con apenas 150 especies cultivadas
y se pierden miles de variedades todos los años, la mayoría en países
en desarrollo. La misma fuente añade que la base agrícola de nuestra
alimentación es aún más pobre, ya que 30 cultivos proporcionan el 95%
de la dieta y, de ellos, doce aportan más del 70% y cuatro (arroz,
maíz, trigo y patata) cubren más de la mitad.A la ganadería no le va mejor. El informe Estado de los recursos zoogenéticos del mundo,
presentado en la primera Conferencia Técnica Internacional sobre
Recursos Genéticos Animales para la Alimentación y la Agricultura que
se celebró en Interlaken (Suiza) hace un año, confirmaba que unas 60
razas de vacas, cabras, cerdos, caballos y aves de corral se perdieron
en los últimos cinco años debido a la globalización de la industria
ganadera. La FAO estima que entre un 20 y un 30% de los recursos
zoogenéticos que sobreviven corren un gran peligro de perderse. El
registro de la organización contiene 7.600 razas, de las que 190
desaparecieron en los últimos 15 años y 1.500 están catalogadas en
peligro de extinción, con un goteo continuo de pérdidas que elimina de
campos y granjas una raza al mes.Aquí también, la repercusión
sobre la alimentación es palpable. El mismo organismo de la ONU
recuerda que tan sólo 14 de un total de 30 especies de mamíferos y aves
domésticas proporcionan el 90% de los alimentos de origen animal que
consumen los humanos. Vacas lecheras como las frisonas o gallinas
ponedoras en régimen intensivo copan la producción. Solo hay que echar
un vistazo al catálogo oficial de razas de ganado de España y comparar
el número de las consideradas de fomento (23) frente a las de
protección especial o en peligro de extinción (111, más 14 de aves).
Con la lista de razas de bovino en peligro (30) se supera la que
incluye a todas las de fomento.Entre otros contratiempos, este
sistema de producción provoca que las enfermedades y plagas que afectan
periódicamente al ganado y a los cultivos repercutan de forma más
directa y grave sobre los animales, pero también sobre los productores
y consumidores, que cuentan con menos alternativas a la hora de
encontrar una mayor variedad de razas y semillas.Para David
Erice, del gabinete técnico de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA),
"uno de los cambios fundamentales de la reforma de la Política Agrícola
Común de 2003 fue la introducción del desacoplamiento, mediante el cual
los pagos a los agricultores se realizan de manera independiente a los
cultivos que se siembren en las explotaciones, lo que ha puesto en
grave peligro el mosaico de cultivos que definen el mapa agrario
español". El agricultor, tan atado a las subvenciones, analiza las
diferentes alternativas en función de la rentabilidad de cada una de
ellas. "Si tenemos en cuenta que algunos cultivos como las leguminosas
de grano (veza, yeros, lentejas y garbanzos) no reciben desde 2005
ningún tipo de ayuda específica por su siembra, se entiende que la
superficie de estos cultivos se haya reducido un 70%, con un importante
riesgo de desaparición en un futuro próximo".Si, como está
previsto, la Comisión Europea avanza en el desacoplamiento y a finales
de este año desaparecen las ayudas a otros cultivos, David Erice tiene
claro qué le pasará al agro español. "La reducción de variedades en los
próximos años será aún mayor y se avanzará hacia el monocultivo de
cereal", dice.Sin ayudas es imposible mantener razas y cultivos
autóctonos. Lo dicen los agricultores y los ganaderos y lo explica de
una manera muy gráfica José Ramón Justo Feijóo, secretario general de
la Federación de Razas Autóctonas Españolas de Protección Especial: "Si
yo hago el doble de esfuerzo para conseguir 100 kilos que el de un
productor de una raza de fomento para conseguir 200, abandono si no
recibo algún tipo de subvención". Cerca de medio centenar de estas
asociaciones, que celebrarán en octubre en Losar de la Vera (Cáceres)
el III Congreso Nacional de Razas Autóctonas de Protección Especial,
consideran que deben seguir conviviendo tanto los sistemas de
producción industriales como los tradicionales. "A unas las metimos en
establos y granjas y producen de una determinada manera, pero
necesitamos de las otras porque es una producción diferenciada, que
añade valor y que ayuda a mantener muchos ecosistemas en España y en el
mundo", concluye Justo Feijóo.Periódicamente, algunas
comunidades autónomas y el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y
Marino publican la concesión de subvenciones para el fomento de las
razas autóctonas en peligro de extinción. Pero "resultan claramente
insuficiente, sobre todo si algunas comunidades autónomas cortan el
grifo", afirma Eduardo de Miguel Beascoeschea, director gerente de la
Fundación Global Nature, organización que lleva varios años apostando
por la recuperación de razas como la vaca blanca cacereña o la gallina
murciana."Puede sonar políticamente incorrecto, pero con Franco
se potenciaba más la conservación de estas razas, desde la celebración
de la Feria del Campo hasta los trabajos que se llevaban a cabo en
fincas de la administración, como la de El Encín, en Alcalá de Henares,
donde se realizó una experiencia innovadora para recuperar todas las
razas de gallinas autóctonas. Ahora todo depende del trabajo que hacen
algunas comunidades autónomas y asociaciones sin ánimo de lucro y de si
el proyecto le cae en gracia al director general de turno", dice.La
cuestión es demasiado seria como para que esté al arbitrio del estado
de ánimo de la administración. José Esquinas ha trabajado durante más
de veinte años en la FAO fomentando la conservación de los recursos
fitogenéticos y fue secretario de la Comisión Intergubernamental de
Recursos Genéticos para la Alimentación y la Agricultura.La
experiencia adquirida en viajes por decenas de países, conociendo la
realidad de la utilización, pero también la pérdida de esos recursos,
le permite afirmar que "todos los países dependen de la diversidad
genética de los cultivos del planeta para conseguir la adaptabilidad a
los cambios ambientales y climáticos imprevistos, mantener la capacidad
de adaptación cuando cambian los sistemas de producción y hacer frente
a las necesidades de la población humana en aumento".No en vano,
lo que está en riesgo no son solo razas y cultivos, si no también los
alimentos y la cultura gastronómica asociada a ellos. Ester Casas,
agrónoma y miembro de Les Refardes-Gaiadea, la red de semillas de este
tipo de cultivos en Cataluña, considera tan importante la información
cultural y etnobotánica que se rescata con la semilla como la
agronómica. "La semilla en sí no sirve para nada si no tiene una
utilidad concreta, asociada a una forma de conservar, cocinar y
alimentarse", aclara.En el mismo sentido se expresa Emilio
Blanco, biólogo etnobotánico y autor de numerosos estudios en este
campo, para quien la merma de este patrimonio genético y cultural es
evidente. "Mucha gente te habla de cultivos que había y que ya no
existen y te cuentan sistemas de conservación ancestrales, como el
tomate de secano que colgado del techo lo convertían luego en polvo,
demostrando que, mucho antes de que se implantara la industria
liofilizadora, este sistema lo practicaban ya en el medio rural",
explica.Las redes de semillas repartidas por toda España
intentan salvaguardar esta doble cualidad de las plantas, como especie
o variedad y como alimento. Su lema, Resembrando e Intercambiando,
tiene relación con el rescate de las variedades y la información
asociadas a las mismas y con el intercambio de éstas con otras redes y
agricultores.Ester Casas afirma que estos últimos "están
completamente abiertos, a la par que agradecidos, porque notan que ni
siquiera en su entorno familiar más cercano valoran lo que han
mantenido con esmero durante tanto tiempo. Con ellos hemos conocido
muchas cosas sobre conservación y uso de las semillas que no se
aprenden en la Universidad".José Esquinas fue precisamente uno
de los principales impulsores desde la FAO del Tratado Internacional
sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura,
un convenio de carácter vinculante por el que los países que lo han
ratificado (España está entre ellos) se comprometen a emprender, entre
otras, acciones de conservación in situ (cultivos en el campo) y ex
situ (cultivos en laboratorio y bancos de germoplasma).Aunque el
trabajo ex situ, como el que lleva a cabo el CRF-INIA con sus 70.000
variedades de plantas cultivadas, es valorado positivamente,
agricultores y ecologistas no piensan lo mismo sobre otras cuestiones
que atañen a la vinculación de España con el tratado."Se
incumple de manera flagrante porque no se ha dado un solo paso en
cuestiones de obligado cumplimiento, como la prospección,
caracterización, evaluación, promoción de iniciativas para el
mejoramiento de las plantas, fomento de un mayor uso de las mismas o
aprobación de medidas normativas y jurídicas. En España se invierte más
en transgénicos y otras materias relacionadas con la biotecnología de
los alimentos que en productos de calidad y en la recuperación social y
cultural que llevan aparejados", denuncia Ester Casas.Nadie
desde el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino ha sido
capaz de rebatir estas palabras porque ni tan siquiera han expuesto a
este periódico qué políticas se emprenden tanto para mejorar la
ganadería autóctona y en peligro, como los miles de cultivos que han
perdido valor comercial y se han convertido en piezas de laboratorio."Conservar
la diversidad genética vegetal es caro, pero el precio de no tomar
medida alguna todavía cuesta más", advierte José Esquinas. Mientras
tanto, redes de semillas y agricultores como Juan Nieto y Aurelio
Robles, mantienen este trascendental legado en el campo.





El tesoro de los pobres


El pasado 11 de septiembre, el secretario de Estado de Medio Rural y
Agua, Josep Puxeu, recibió una delegación del Comité de Coordinación
Internacional de Vía Campesina, una organización con presencia en 150
países y más de 350 millones de afiliados. Sus responsables
transmitieron sus puntos de vista sobre la crisis mundial de alimentos
y el impacto que está teniendo en África, y ahondaron en la importancia
de potenciar la agricultura familiar y los mercados locales para
superar la gravedad.Precisamente en el reconocimiento y
aprovechamiento de las variedades de razas de ganado y cultivos locales
reside gran parte de la esperanza de subsistencia de los países más
pobres. Las áreas con mayor riqueza genética de plantas cultivadas y
silvestres se encuentran en México y Centroamérica, la zona andina, la
cuenca mediterránea, Asia Central, Próximo Oriente, China, Etiopía,
India, Indonesia y Malasia. “Paradójicamente muchos países que son
pobres económicamente y están generalmente localizados en zonas
tropicales o subtropicales son ricos en términos de diversidad
genética”, afirma Enrique Esquinas. Por este motivo, el Tratado
Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y
la Agricultura reconoce la contribución enorme que los agricultores y
las comunidades indígenas aportan a la conservación y el desarrollo de
estos recursos, y se les otorga el derecho a participar equitativamente
en la distribución de los beneficios y en la adopción de decisiones.
Carlos Seré, director general del Instituto de Investigación
Internacional sobre Ganado, recuerda que “muchos pequeños granjeros de
países en desarrollo han abandonado sus animales tradicionales por
otros más productivos importados de Europa y EEUU”. “Algo incongruente
porque esos países cuentan con razas adaptadas al clima y a las
condiciones orográficas”, apostilla José Ramón Justo Feijoo. Esquinas
recuerda que “la diversidad genética que salvó el maíz de EEUU en el
siglo XX, así como otros ejemplos de recuperación de cultivos en los
países ricos, procedía de los países en desarrollo, donde su existencia
no era accidental, sino el resultado del trabajo de generaciones de
pequeños agricultores tradicionales que son los verdaderos guardianes
de la mayor parte de la diversidad biológica agrícola”.




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