"PERONISMO CORDOBÉS EN
EL PROYECTO NACIONAL"
www.peronismocordobes.blogspot.com
Damos difusión a esta carta
que nos ha llegado a pesar de que no tiene firma, porque entendemos que no le
hace falta; porque no es ofensiva, y porque creemos que expresa el sentimiento
de muchos jóvenes (hoy viejos sobrevivientes), que fueron impulsados a militar
por la verdadera independencia en los 60-70, entre otras cosas por la obra de Pino
Solanas - Los muertos y desaparecidos sentirían lo mismo.
También queremos aprovechar
para difundir dos videos del Encuentro en Defensa del Proyecto Nacional de
Villa María realizados a través de su productora (casi) exclusiva como dicen
ellos, que son muy, muy buenos:
http://www.youtube.com/watch?v=2tOGjVmH6NM
http://www.youtube.com/watch?v=gfja1Rqj05Y
Carta a Pino
Es de una asistente social de "época"...
Compañero Pino:
Como esas adolescentes que le cuentan al diario lo que el príncipe jamás leerá,
quiero decirle cosas que no escuchará. Pero es que las palabras (sobre todo si
están escritas) no son de nadie porque son de todos. Y como mis amigos me bancan ...
Estamos todos viejos (basta mirarle la panza a Pepe Mujica),
somos todos compañeros.
Sin embargo en los comienzos y por mucho tiempo, usted fue uno de mis maestros.
Tenía 20 años, el pelo muy largo y renegrido, cuando con algunos compañeros
militantes del sindicato de campesinos salíamos por los pueblitos perdidos a
compartir reflexiones con los trabajadores. El disparador era su película
"La hora de los hornos". El proyector estaba a cargo de un viejo
gringo con un apellido tan enrevesado como Incatasciata que, mirado a la
distancia, además de lo que cobraba por trasladar el proyector tamaño baño y
ruido de generador villa en su Estanciera y proyectar la cinta, algo de
simpatía debía sentir por estos jóvenes locos que invertían sus fines de semana
en andar por la polvareda a escondidas de los patrones.
Luego fue "Conducción política, táctica y estrategia", ese largo
reportaje al viejo Perón. Revisar, reescuchar y discutir, básicamente entre los
militantes y aquellos campesinos que tuviesen el aguante para tan largo ensayo.
Debo confesar que siempre tuve alguito para desconfiarle al viejo y que, como
buena escriba, cada vez que me mandaban a hacer un panfleto, folleto o lo que
fuere, le buscaba la vuelta para no santificarlo. De puro contrera nomás.
Después vino la democracia con su llamada primavera camporista (la más corta desde los romanos a la fecha) y
luego el Perón al poder (sapos de Ezeiza y Chabela
& Lopecito mediante). Fue por ntonces
cuando dejé de militar porque se hacía imposible un trabajo político por la persecución
de las AAA, porque no entendía que hubiese que acompañar una acción armada que
ponía en riesgo a un altísimo porcentaje de militantes o simples trabajadores
que no habían hecho más que pelear por sus derechos y porque me moría de miedo
(lo heroico nunca fue lo mío salvo en la poesía épica).
Hoy invertiría el orden poniendo en primer lugar el cagazo,
en segundo las listas negras y en tercero porque sentía ir en contramano de los
hombres y mujeres del pueblo por quienes había considerado correcto ese lugar
de militancia si con ellos deseaba compartir el camino. Allí, creo hoy, mi gran
avance. En medio de la adrenalina, el fracaso y la pulsión de supervivencia,
pude comenzar a construir la idea de que no siempre - y es deseable que
nunca -el poder debe nacer de la boca de un fusil. Una
revisión también de esa concepción enraizada en las ideas de Sartre, Fanon y tantos otros que
en la década del 60 (más allá de lo poco que se podía leer de Sartre por lo complicado que era el viejo para las neuronas
terrestres) legitimaban la violencia de los dominados, cuando hasta ese momento
la violencia sólo había sido bendecida para los dominadores. No viene al caso
abundar en el
tercermundismo y la teología de la liberación para quienes proveníamos del
cristianismo.
En esas corridas perdí todo (afane en allanamiento mediante). Entre las ropitas
de bebé de mi primera hija, los apuntes, libros de Fanon,
fotos de casamiento y cartas de amor dos tesoros devenidos ya en bienes
personales: dos enormes cajas de aluminio redondas donde se enrollaban La hora
de los hornos y Conducción política.
Después la hecatombe, el dolor en el estómago como estado natural. Cuando ya
casi creía que era cierto que habían venido para siempre, la pequeña luz. El
exilio de Gardel como metáfora maravillosa del dolor de ausencia.
La democracia, con sus esperanzas y sus desencantos. La enorme compañía que me
dio su actitud valiente, coherente durante el menemato que le costó un dolor de
piernas no reumático.
Y por mucho tiempo la espera de cada película suya, de cada reportaje.
Corroborar que reflejaba lo que muchos sentíamos: la sabiduría que da el
fracaso y la esperanza que se resiste a no intentar los sueños, vicio congénito
de nuestra generación.
Cada vez que su candidatura se me puso a tiro lo voté. Aun en su postulación a
presidente, a sabiendas de que sería nuevamente del bando de los perdedores,
porque siempre pensé (acompañada por usted) que más vale perder por una causa
justa que ganar bajándose los lienzos.
Cuando lo veo al lado de De Narváez, Carrió (sus declaraciones son iguales a
las de la pitonisa!), Macri,
¡Duhalde! la verdad, creo que se le aflojó el cinto y me imagino la sonrisa
compadecida del viejo Incatasciata (por mí y por usted)... Estoy segura de que
lo que busca es una mejor posición para negociar con el oficialismo y me parece
bien. Lo que me parece doloroso es que deba hacerse de cualquier manera. Cuando
sostenemos que no de la boca del fusil ¿no es acaso lo que dicen sus películas
y sus propuestas condenadas de denuncia pero preñadas de esperanza y caminos
posibles? no estamos diciendo que junto a los fusiladores ¿no? (hablando de
eso... no sé si en el bando donde se paró ayer no habrá algún autor intelectual
de los balazos que casi lo dejan de a ruedas.
¿Es que la construcción de un pequeño pero coherente
espacio, trabajoso y lento donde estamos tantos es despreciable? ¿Los nadies no
son nadie? Creo que no.
Espero que no. Veremos qué hace en el parlamento aunque, a decir verdad,
Claudio Lozano ya tuvo agachadas en nombre de la diferenciación. ¿No es acaso un espacio de real centro izquierda ¡qué poco
pedimos ya, compañero Pino! El ámbito privilegiado para la diferenciación y la
construcción de lo nuevo?
No voy a rifar un amor de tanto tiempo por una sola canita al aire... Pero se
lo quiero decir a tiempo. Le ando sintiendo un perfume que no es el mío. Ya se
sabe, las que no nos cocinamos en un solo hervor, hemos pasado ya varios
desengaños amorosos... no moriré en este.
Pero de sobrevivir ya está bastante. De vivir se trata y, ya se sabe, la vida y
la dignidad tienen un mucho que ver con las elecciones. No vaya a ser que de
tanto ver elecciones truculentas elija mal el lugar donde sentarse.
Nota: si Ud. no desea que le enviemos más
correos respóndanos este, con el texto "bajar de lista" en el asunto.
Y si este correo le parece positivo,
difúndalo lo más que pueda.