Agradezco
este espacio para responder varias inexactitudes en la entrevista al
subsecretario de Tecnologías de Gestión, Eduardo Thill, quien se
autoproclama fundador y defensor del software libre en el Estado,
aunque en esa nota más bien lo ataca y siembra dudas.
Podemos
entender que un técnico, que propone una visión corporativa del Estado
como un “holding” empresario, ignore otros valores que deberían
sustentar las decisiones sobre políticas públicas. Por ejemplo, los
deberes del gobierno para con los ciudadanos, la transparencia en la
gestión, la soberanía tecnológica, la inclusión social/digital, el rol
del Estado como creador, educador y socializador del conocimiento, y
como traccionador de un desarrollo económico y humano equitativo. Pero
estos valores son el principal fundamento para la adopción de software
libre como política de Estado, mucho más allá de los económicos. Un
funcionario público debería basar sus decisiones en estos valores, aún
cuando incomoden a algún interés corporativo que las considere extremas.
En la nota (http://www.puntogov.com/nota.asp?nrc=2341&nprt=1)
Thill confunde el software libre con el SharedSource de Microsoft donde
se muestra algún código a gobiernos, pero igualmente se restringen los
derechos de corrección, modificación, copia y ejecución. También es muy
grave que un funcionario de tan alto rango hable con tal
desconocimiento sobre las políticas de un socio estratégico como
Brasil, que adoptó una decidida política tecnológica basada en software
libre desde 2003, y desestime la posición del presidente Luiz Inácio
Lula Da Silva quien enunció que “Brasil será el paradigma del software
libre en el mundo”.
Aún atendiendo los aspectos que Thill
menciona (la gestión de proyectos y la visión económica) extrapolar sus
malas experiencias responsabilizando a las licencias de software
(libre) utilizadas es, cuanto menos, simplista. Un proyecto necesita
recursos, planificación, comunicación y gestión. Usando software libre
se dispone además de múltiples herramientas de acceso libre como listas
de correo, foros de discusión, repositorios de conocimiento compartido,
etc., donde el equipo a cargo del proceso de adopción se fortalece y
capacita continuamente.
Hay
equipos en todo el mundo trabajando con y por el software libre, que
funcionan de modo ejemplar para ofrecernos las herramientas que muchos
utilizamos. La capacidad de construir en forma colaborativa y con
continuidad en el tiempo a través del modelo del software libre puede
garantizarse con varios ejemplos: GNU 25 años, Linux 18 años, Apache 15
años, Mozilla 11 años, etc. Por el contrario, con herramientas
privativas la continuidad está signada por la conveniencia de las
empresas en discontinuar determinados productos por razones de mercado,
y hasta existen casos donde las empresas no sobreviven para
salvaguardar las necesidades de la gestión estatal a lo largo del
tiempo, por lo que el Estado nunca puede usar formatos cerrados, ni
debe renunciar a la potestad de trabajar sobre el código fuente.
(*) Presidente de la asociación Software Libre Argentina (Solar) www.solar.org.ar