28/06/2007
Click electoral
(Por
José María Lamorte) Las elecciones del domingo en la Ciudad de Buenos
Aires reinstalaron la cuestión del voto electrónico. Dudas que llegan
desde el viejo continente.
Desencantados, en el Gobierno nacional comprobaron que la experiencia piloto de voto electrónico realizada en noviembre pasado (
ver aquí),
no era premonitoria. Los resultados –que nunca se difundieron- no deben
haber sido muy buenos porque la implementación prevista para las
pasadas elecciones brilló por su ausencia. En rigor, como se señala en El Mirador
de esta edición la cuestión a resolver es la demorada reforma al Código Electoral.
Mientras
tanto, la próxima administración tendrá que ver si consigue encontrar
la manera para que los alrededor de US$ 4.000 por urna electrónica a
implementar no impacten en los $1.000 millones de déficit de la Ciudad.
La iniciativa despierta polémicas, pero más que nada genera dudas.
De los varios aspectos a considerar, los códigos del software que
fueron motivo de lobbys en Nueva York son solo un aspecto.
En
Londres, se conoció recientemente un informe elaborado por Open Rights
Group sobre el funcionamiento del voto electrónico en los comicios
municipales en Inglaterra y Escocia. Allí se detalla que hubo problemas
en las máquinas que debían contar papeletas en las que los electores
señalaban diversas opciones: Más de 100.000 quedaron inservibles
durante el escrutinio.
En resumen, el informe advierte que el
"e-voting" aún no es suficientemente confiable. La principal objeción
es que supone una especie de caja negra que impide a los electores
tener la evidencia de cómo los votos son guardados y contados, lo que
arroja sospechas sobre errores y fraudes. El estudio critica la falta
de un sistema lo suficientemente riguroso de certificación que asegure
que "tanto el hardware como el «software» que se utiliza estén libres
de vulnerabilidades y sean capaces de garantizar la integridad del
proceso".
En Bélgica también tienen al e-voto bajo la lupa. El
ministro de Interior, el socialista Philippe Courard, dice que la
organización resulta más complicada, dado que hacen falta especialistas
para el recuento, y más cara, ya que mientras un voto en papel cuesta a
las arcas belgas €1,5, cada voto electrónico sale € 4,5.
A nivel local hay un trabajo de Salvador Cavadini
,
de la Facultad de Matemática Aplicada de la Universidad Católica de
Santiago del Estero, que recopila algunas experiencias fallidas.
En
su opinión "A pesar de que los promotores del voto electrónico en la
Argentina lo presenten como una ventaja, el peligro más grande que
implica la adopción de urnas electrónicas es la delegación de la
fiscalización del acto electoral en una elite muy reducida de
tecnólogos, en desmedro del poder de fiscalización que hoy posee el
ciudadano común".
Este no es un aspecto menor. No caben dudas de
que el voto electrónico es un avance que la sociedad absorberá tarde o
temprano. La cuestión a dilucidar es si la participación cívica del
ciudadano cumplirá el rol que le asigna la vida en democracia, o
terminará por convertirse en un usuario de cybercafé los domingos de
elecciones.
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FELIX ZOLEZZI