Pérez sobrevivió a fallidos golpes de Estado, pero no a una decisión judicial que lo destituyó por presunta corrupción. Él, que había contribuido al derrocamiento de Somoza, apostaba a que Violeta Chamorro –más que Daniel Ortega— establecería en Nicaragua una democracia ortodoxa y estable. Empleó entonces fondos reservados de su gobierno, no en provecho personal sino para conceder apoyo financiero a Chamorro. Fue por eso que se la condenó. En la Argentina, donde se ignora adónde van los fondos reservados –y se sospecha que no es a fortalecer democracia alguna-- aquella condena habría resultado exótica.