Mme parece muy buena medida, a mí me da mucha pena ver cómo se está destruyendo la escuela pública, entre el abandono por parte del Estado y las formas de luchas docentes que se lo pasan de paro en paro

Estaría genial que tuvieran que mandar sus hijos y nietos a la escuela pública, y que se hicieran preferentemente por sorteo los ingresos, así no hay nuevas diferencias por acomodo en tal o cual escuela

Para mí fue un orgullo ir a la escuela pública, fui un solo año a escuela religiosa (por razones de cupo y cercanía) y huí despavorida por las injusticias y los favoritismos

Mis hijos también fueron a la pública, pero mis nietitos ya no, salvo algunas contadas excepciones, como la escuela anexa de la universidad por ejemplo donde si no salen sorteados no pueden entrar, en general la educación es terrible y los chicos tienen muy pocas clases, es una pena

Voy a reenviar el mail a todos los que pueda, no hay que perder las esperanzas, dicen que al tocar fondo viene el rebote, por lo pronto hay algo bueno con el gobierno actual, el canal Encuentro


El 4 de noviembre de 2009 11:58, Marcos Guglielmetti <marcos@ovejafm.com> escribió:
(Lucha de clases en la escuela pública (por Martín Caparrós)

"Soy un producto de la escuela pública argentina y a veces, cuando me
distraigo, me da orgullo; mi hijo también fue a la escuela pública y acaba de
terminar su quinto año. Pero en las décadas que pasaron desde que empecé
primer grado –inferior– nuestro sistema educativo cambió brutalmente.
 
Cuando yo era chico sólo iban a colegios privados los garcas que querían
educarse a fuerza de hostias y los raros que preferían hablar otros idiomas y
los vagos que la escuela pública no soportaba más. Pero mis amigos y yo –
hijos de la clásica clase media porteña sabíamos que el sistema de educación
estatal era nuestro lugar: la escuela pública era la mejor, la primera
opción.
 
Ahora no: mis amigos dudan mucho antes de mandar a sus hijos a una escuela del
Estado –y la mayoría no lo hace. 
 
La educación pública ya no es para todos, ni para el que la elige; es para
quien no tiene más remedio. 
Tres de cada cuatro alumnos estatales pertenecen al tercio más pobre de la
población. Entre el 20 por ciento más pobre, nueve de cada diez van a la
escuela pública; entre el 20 por ciento más rico, uno de cada siete. Y la
tendencia se acelera: en 1997 el 24 por ciento de los chicos acomodados iba a
escuelas públicas; en 2006, según un informe del Centro de Estudios de
Políticas Públicas, sólo el 15 por ciento. Las cifras precisan lo que ya
sabemos: que los padres quieren mandar a sus hijos al privado. En la escuela
sarmientina quedan los que no pueden: los más pobres. 
 
El fracaso de la educación pública es el efecto más espectacular del derrumbe
del Estado argentino. Solía ser su estandarte: la forma más eficiente de
producir esa relativa integración social que nos constituyó como país, en
esas aulas donde, bajo los delantales blancos, las clases sociales se
mezclaban por un rato y se formaban con las mismas consignas, las
posibilidades brevemente emparejadas.
 
La educación pública servía para equilibrar, para integrar,
para “redistribuir” –y para producir un país más educado, con mejores
posibilidades en todos los terrenos. Ahora parece como si no importara. Y, de
hecho, no les importa a los que manejan el Estado: hace mucho que mandan a
sus chicos a colegios privados. Es una característica de muchos estados
actuales –sus dirigentes no se incluyen en ellos,
no usan sus escuelas y hospitales, no le pagan impuestos, no respetan sus
leyes–y es curiosa: ¿quién se imagina al gerente de la cocacola pidiéndose
una pepsi? 

Así que tengo una propuesta populista para encarar la cuestión educativa. Es
una ley que habría que votar cuanto antes: “Queridos gobernantes, no todo
pueden ser alegrías, ganancias extraordinarias, honores merecidos, gratitud
popular. Los cargos deben tener alguna carga. Y ésta será modesta pero
inflexible: se ordena, so pena de prisión y pedorreta pública, que todos los
funcionarios del Estado –de un nivel equis para arriba– manden a sus hijos y
nietos, sin excepción, a la escuela estatal más cercana”. Es posible que,
entonces, la educación pública mejore seriamente. Así estamos, en la lucha de
clases.
 
La lectura de esta nota, más el conocimiento de un anteproyecto de ley
impulsado por padres rionegrinos en 2002, proponiendo lo mismo; y un proyecto
del senador brasileño Cristiam Buarque -ex ministro de Educación del gobierno
de Lula-, con similar proposición en el país hermano, fortalecieron la
sensación de que no era una idea tan absurda. La "ingenuidad" sumada de
muchos puede transformarse en una decisiva manera de instalar el tema y
llegar a que se debata seriamente.

Si estás de acuerdo, reenviá este mensaje para que se propague y el mail grite
hasta que nos escuchen."
  

--
Marcos Libre
(podes emplearme con cualquier fin, estudiarme, copiarme y mejorarme, siempre
y cuando siga siendo libre)


........................................
Banda: http://libraabedul.wordpress.com/



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