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4 artículos
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«La fe cristiana tiene algo que decir sobre la moral»
Autor: Joseph Ratzinger

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Ex arzobispo de Munich (1977-1981) y prefecto de la Congregación de la doctrina de la Fe en el Vaticano (1981-2005), Joseph Ratzinger es papa bajo el nombre de Benedicto XVI. |
Fuente: Le Figaro (Francia) Referencias: Le Figaro, Le Figaro Magazine
Referencia: «La foi chrétienne a son mot à dire sur la morale », por Joseph Ratzinger, Le Figaro, 20 de abril de 2005. Texto adaptado de una entrevista con motivo de la visita de Juan Pablo II a Lourdes, concedida el 13 de agosto de 2004 a
Figaro Magazine y retomada hoy por el diario. Nos referimos sólo a los asuntos vinculados con las opiniones políticas y teológicas del entrevistado y pasar por alto las cuestiones relacionadas con los temas de actualidad de aquel momento, actualmente obsoletos.
Resumen:
El papa Juan Pablo II está muy ligado a Francia, a la cual debe mucho en lo que se refiere a su formación teológica. Recuerdo particularmente su visita, en el momento de la conmemoración del aniversario del bautismo de Clodoveo, como de un gran florecimiento del bautismo de Francia. La «hija mayor de la Iglesia» occidental, por así llamarla, le ha dado mucho a la Iglesia. El papa se siente preocupado ante el laicismo ideológico que con tanta fuerza se manifiesta en nuestros días. Estamos a favor del laicismo, pero nos oponemos a un laicismo ideológico que amenaza con encerrar a la Iglesia en un ghetto de subjetividad. Esa corriente de pensamiento quiere que la vida pública no se vea influenciada por la realidad cristiana y religiosa. Tal separación, que yo calificaría de «profanidad» absoluta, constituiría ciertamente un peligro para la imagen espiritual, moral y humana de Europa. Esperamos que la Iglesia de Francia sea lo suficientemente fuerte como para ayudar a Europa a enfrentar esa provocación. La fe cristiana debe iluminar la vida pública. Desconfiemos del laicismo encarnizado, que da lugar al fundamentalismo.
El Estado debe ser el garante de la libertad de pensamiento y de religión. No tratamos de imponer nuestra fe a los demás por medio de la política. Pero estamos convencidos de que la fe es también luz para la razón y que el hombre político católico debe poder transmitir esa luz en su combate político. El derecho a vivir debe ser protegido por el Estado desde el primer hasta el último instante de la vida. Los políticos deben respetar eso. Un político que asuma una posición diferente, que no respete la imagen de Dios y la inviolabilidad del ser humano está en oposición con los componentes racionales de la fe. En eso estamos de acuerdo con la conferencia de obispos norteamericanos, aunque lo hayamos expresado de otro modo. Los católicos sólo deben pedir la comunión cuando sean dignos de ella. Eso tiene que ver con su posición ante el aborto y también ante otras cuestiones. La conciencia no es solamente subjetiva sino que responde también a criterios objetivos que se encuentran en la fe. Me parece que la «subjetivización» de la conciencia es un gran error de nuestra época.
La no inscripción de las raíces cristianas de Europa constituye un grave error. Europa es un continente cultural, no geográfico. Es su cultura lo que le da una identidad común. Las raíces que formaron este continente son las del cristianismo. Simplemente se trata de un hecho histórico. No hace tanto tiempo que sucedió. El renacimiento de Europa después de la Segunda Guerra Mundial fue posible gracias a hombres políticos que tenían fuertes raíces cristianas, como Schuman, Adenauer, De Gaulle, De Gasperi y otros. Temo que detrás de esa oposición se esconda un odio de Europa hacia sí misma y hacia su gran historia. Es por eso que Turquía no pertenece a Europa. Ello no quiere decir que no debamos tener buenas relaciones con ese país, pero Turquía debería fundar su propio continente cultural sobre la base del Islam, con los países árabes.
«¿Ratzinger, nazi? No lo crean»
Autor: Sam Ser
| Sam Ser es periodista y editorialista del Jerusalem Post. |
Fuente: Jerusalem Post (Israel) Referencias: Jerusalem Post: «Ratzinger a Nazi? Don't believe it», por Sam Ser,
Jerusalem Post, 18 de abril de 2005.
Resumen:
El Sunday Times de Londres describió al principal candidato al papado, el cardenal Ratzinger, como un nazi. En tono de gran revelación, el diario informa a sus lectores que Ratzinger fue miembro de las Juventudes Hitlerianas y sugiere que por ese motivo el «Panzer Kardinal» sería muy diferente de su predecesor. El artículo llega incluso a calificar a Ratzinger de «antisemita teológico». Él creería tanto en Cristo que considera que todos, incluidos los judíos, deberían reconocerlo como al Mesías.
En realidad, no hay nada nuevo en esto. Ratzinger fue enrolado en las Juventudes Hitlerianas cuando aquello se hizo obligatorio y después de haber hecho todo lo que estaba a su alcance para evitarlo. No se afilió a la organización por voluntad propia. Ratzinger ha explicado periódicamente ese asunto, en particular en su biografía. El único elemento significativo del artículo del Times es que Ratzinger practicó la resistencia pasiva en lugar de hacer algo que le hubiese costado la deportación. No fue miembro de la resistencia, como tampoco lo fueron muchos judíos. Si hubiese sido un verdadero simpatizante nazi se habría sabido en 60 años. Sin embargo, por el contrario, se destacó en particular en el diálogo entre católicos y judíos.
¿Si el propio centro Yad Vashem no consideró necesario llevar a cabo una investigación, por qué no le creeríamos nosotros?
«Benedicto XVI profesa una amistad de corazón hacia Francia y la cultura francesa»
Autor: Jean-Marie Lustiger

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Ex arzobispo de París (1981-2005), Jean-Marie Lustiger es cardenal-arzobispo emérito de París y miembro de la Academia Francesa. |
Fuente: Le Figaro (Francia) Referencias: Le Figaro. Referencia: «Benoît XVI a une amitié de coeur pour la France et la culture française», por Jean-Marie Lustiger,
Le Figaro, 21 de abril de 2005.
Resumen:
El cónclave duró exactamente 24 horas. Fue una verdadera experiencia espiritual de comunión en una atmósfera de plegaria y de paz. No se trató ni de un contrato político, ni de un plebiscito sino más bien de una especie de evidencia apacible. Para todos los cardenales, las discusiones que lo precedieron permitieron expresar todas las dificultades y todos los problemas.
Benedicto XVI asume plenamente el legado de Juan Pablo II, de quien fue el principal colaborador. Pero al mismo tiempo es evidente que su personalidad y su estilo son muy diferentes. Benedicto XVI es el último gran teólogo que participó como experto, y no como obispo como Juan Pablo II, en todo el concilio Vaticano II. Es un gran pensador. Al igual que Juan Pablo II, Benedicto XVI conoció la guerra. Vivió su juventud en la Alemania nazi, cuyos extravíos pudo apreciar siendo muy joven aún. El medio católico en el cual se formó no era en modo alguno complaciente acerca del tema. Sabe cuál ha sido el costo de los totalitarismos para la humanidad y la iglesia. Posee asimismo una vasta cultura estética y profesa una sincera amistad a Francia.
Juan Pablo II le confió una difícil misión ya que era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. No se le pedía que se distinguiera ni que se dedicarse a las relaciones públicas sino que precisara lo que responde o no a la fe católica. Lo hizo con honestidad y precisión. Eso alimentó prejuicios que será preciso volver a evaluar para descubrir quién es en realidad. De hecho, es un hombre de gran delicadeza.
La voluntad ecuménica es fuerte e íntegra en Benedicto XVI. Pero para poner en práctica el ecumenismo hay contar con la voluntad de muchos. El verdadero problema del ecumenismo contemporáneo reside en que solamente puede existir verdadera unidad cristiana dentro de la verdadera comunión en el marco de la fe. ¿Qué debemos creer para reconocernos como cristianos? Ahí reside el problema principal, pero éste no se plantea con las iglesias de la ortodoxia y encontramos una comunión de fe con las Iglesias de los nuevos movimientos evangélicos. El cardenal Ratzinger ha luchado por el reconocimiento de las raíces cristianas de Europa. Se trata de una verdad, pero que no es la nuestra. Esa verdad es la siguiente: no se puede edificar un futuro sin la conciencia de un pasado común. Con relación a los vínculos con el Islam, el problema no descansa solamente en Benedicto XVI sino en el conjunto de los pueblos marcados por el Islam así como en las demás naciones, en las demás culturas ya que existe en estos momentos un verdadero problema mundial con relación al tema. La iglesia puede desempeñar un papel de mediador pero, una vez más, no puede haber progreso unilateral en la comprensión y el diálogo. Es preciso que los esfuerzos vengan tanto del lado del Islam como de las demás culturas. Benedicto XVI está muy consciente de ello y es sensible al problema de las relaciones con el judaísmo.
La elección de un alemán es una verdadera garantía de reconciliación. Es una verdadera infamia acusarlo de haber pertenecido a las Hitlerjugend. No sé si estuvo en ellas, y es probable ya que todos los jóvenes alemanes pasaron por ahí. Pero no transigió con nada de eso. El nombre de Benedicto es una garantía de reconciliación. También nos ha hablado de Europa al recordarnos que Benedicto es también San Benito, uno de los grandes santos patronos de Europa, cuya regla sirvió de marco y de referencia para moldear toda Europa con el monarquismo como elemento de civilización.
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