El asunto es nota de tapa en Página/12 de hoy, incluida una nota sobre la denuncia del Hospital de San Isidro.

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Mensajes contradictorios en medio de la epidemia

Especialistas y entidades vinculadas con la salud pública reclaman la prohibición de las publicidades de antigripales, que pese a los consejos por la influenza A promueven la automedicación. Está en juego un negocio que ronda los 715 millones de pesos por año.

Por Mariana Carbajal

La idea-fuerza de las campañas publicitarias es demostrar que se puede bajar los síntomas y no parar con el ritmo de vida habitual.

El guión publicitario es más o menos similar: un hombre o una mujer sienten un malestar generalizado, les duele el cuerpo y la cabeza, tienen fiebre, congestión nasal y tosen. Ingieren una píldora de un antigripal de venta libre, mágicamente se recuperan y pueden continuar con sus rutinas laborales o familiares. Van a la oficina a trabajar y hasta pueden participar de la celebración de un cumpleaños infantil, rodeados de niños y niñas, sin consultar a un médico ni hacer reposo durante varios días. Las publicidades de este tipo pululan en las pantallas de televisión. Y en los afiches callejeros. A veces, incluso, son los conductores de programas de chimentos o talk shows quienes sugieren el remedio. En un momento en que el mensaje de las autoridades sanitarias es que la población realice una consulta médica precoz frente a la aparición de síntomas gripales por la amenaza del virus H1N1, diversos especialistas y organizaciones vinculadas con la salud pública se preguntan si no deberían prohibirse o restringirse las promociones, muchas veces engañosas, de medicamentos que prometen una cura imposible y que, además, incitan a la automedicación y pueden poner en riesgo la salud de personas enfermas que demoren la visita a un especialista. El negocio en juego es grande: las ventas de antigripales de venta libre, jarabes para la tos, remedios para el resfrío y gotas nasales rondan los 715 millones de pesos anuales, según estimaciones de la Confederación Farmacéutica Argentina.

El médico epidemiólogo, investigador y docente de la Cátedra Libre de Salud y Derechos Humanos, Gonzalo Moyano, es contundente: “Hay que levantar las publicidades de antigripales: son riesgosas porque apelan a la automedicación. La industria farmacéutica no piensa en los procesos complejos de una enfermedad sino en una lógica de venta”, señaló en diálogo con Página/12. Moyano es también coordinador adjunto para el Cono Sur de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social (Alames). “Ninguno de esos productos cura la gripe. En realidad, no hay ningún medicamento que cure la gripe. Ni la nueva influenza H1N1 ni la gripe estacional. ¿Qué efecto tienen? Lo único que pueden hacer es atenuar los síntomas. Pero muchas veces los mensajes publicitarios llevan a engaño. No son claros”, advirtió.

Durante la gestión del ex ministro de Salud Ginés González García, se modificó una normativa que obligaba a los laboratorios a poner a consideración de la Anmat, la agencia estatal de control de medicamentos, el contenido de las publicidades de los remedios de venta libre. El organismo oficial debía autorizar los avisos. “A partir de la Disposición 4980/2005 de la Anmat, las publicidades se emiten sin fiscalización previa”, explicó a este diario el subinterventor del organismo, Daniel Gollán. Es decir, se controlan una vez que ya están en el aire en televisión y radio o impresos en una revista o un diario. Existe una Comisión de Publicidad en la Anmat, encabezada por la ingeniera María Elena Lafferriere, que monitorea los contenidos, para que los mensajes publicitarios no excedan lo que dice el prospecto o rotulado del fármaco, según explicó la funcionaria.

Los comerciales engañosos o que exageran los efectos de los antigripales de venta libre no son excepcionales. “Tenemos varios procesos sumariales. Muchas publicidades dicen que el medicamento es ‘para la gripe’, cuando deberían decir que es ‘para los síntomas de la gripe’”, reconoció Lafferriere a Página/12. La Anmat notifica al laboratorio para que levanten o modifiquen la publicidad engañosa. Pero mientras ese proceso avanza, el comercial estuvo “vendiendo” el medicamento masivamente a la población durante varias semanas, a veces meses, transmitiendo, cuanto menos, información confusa sobre sus propiedades. “En estos momentos de una epidemia hay que reforzar los mensajes claros sobre los efectos de los antigripales de venta libre y cómo deben ser usados. Se tienen que tomar por un período limitado. El problema es que las empresas farmacéuticas tratan de vender más con toda la parafernalia publicitaria. No se puede publicitar que un medicamento nos rehabilita a trabajar si estamos enfermos, porque están violando lo que sería los códigos de ética para promocionar un medicamento”, señaló Gollán.

En relación con la aprobación previa, también surge otro escollo: “Vemos que se cuidan mucho los laboratorios en cuanto a lo que se dice en off o con una leyenda impresa, pero las imágenes que se muestran en la publicidad pueden exagerar o inducir a engaños”, apuntó Lafferriere. “En este momento de una emergencia sanitaria con más razón las publicidades deberían estar mucho más acotadas. El Estado debería controlar más porque se puede prestar a una definición indebida de lo que es un medicamento. Los medicamentos no son otra cosa que un veneno en dosis terapéuticas. No pueden estar en cualquier parte, los deben prescribir los médicos y suministrar los farmacéuticos. Utilizar mal los medicamentos es peligroso. El gran éxito de la industria farmacéutica ha sido hacernos creer que el medicamento es inofensivo. Si no tiene efecto, no es medicamento”, reflexionó Mario Castelli, asesor de la Confederación Farmacéutica Argentina.

La proliferación de publicidades de antigripales de venta libre está atada a su comercialización en negocios como kioscos o almacenes, abierta a partir de la desregulación de la economía promovida por el ex ministro de Economía Domingo Felipe Cavallo en 1993, durante el primer gobierno del ex presidente Carlos Menem.

En un artículo publicado en marzo de este año, la médica Beatriz Di Biasi y el doctor Carlos Damin, docente asociada y profesor titular, respectivamente, de la Primera Cátedra de Toxicología de la Facultad de Medicina de la UBA abordaron el problema de las publicidades de los medicamentos de venta libre, tiempo antes de la llegada del virus H1N1 al país. “Es innegable el impacto de la publicidad de los medicamentos en la conducta de los consumidores, y de allí los potenciales riesgos que representa para la salud de la población”, consideraban Di Biasi y Damin, en el documento colgado en el sitio de la Confederación Farmacéutica Argentina. Recuerdan que la Organización Mundial de la Salud (OMS) creo los “criterios éticos para la promoción de medicamentos”, un marco teórico donde se establecen recomendaciones sobre los anuncios dirigidos al público, que “deben contribuir a que la población pueda tomar decisiones racionales sobre la utilización de medicamentos que están legalmente disponibles sin receta”.

El negocio de los antigripales de venta libre es extenso. Si se suman las ventas de jarabes para la tos, los analgésicos utilizados para la gripe, los medicamentos recomendados para resfríos y las gotas nasales, representan una torta de unos 715 millones de pesos al año, según estimaciones de la Confederación Farmacéutica Argentina. Moyano se pregunta si algunas de las personas fallecidas por la gripe A en el país por neumonía pudieron haberse demoraron en una consulta y una atención médica adecuada por haber confiado o recurrido a algún antigripal de venta libre. “Los antigripales de venta libre mezclan un descongestivo, con un antifebril, vitamina C y a veces un energizante como la cafeína. El antifebril es lo único que sirve. El antihistamínico seca las secreciones y por lo tanto se espesan más. Y alojan mejor los bichos, las bacterias y otros gérmenes que pueden complicar el cuadro gripal de origen. Si hay una secreción transparente, blanca, el bicho pasa y no tiene capacidad de quedarse”, explicó el médico epidemiólogo, que trabaja en una unidad sanitaria de Wilde, partido de Avellaneda.

¿Quiénes ganan y quiénes pierden con comerciales a veces engañosos de antigripales? De Biasi y Damin advierten que según estudios realizados por la Universidad Maimónides y el Instituto Argentino de Atención Farmacéutica (Iadaf), “la publicidad de medicamentos incita a la automedicación o al mal uso de fármacos, un problema que se cobra en el país unas 700 vidas por año”. Entre sus conclusiones, observan que la publicidad y promoción activa por los medios masivos de comunicación, aumenta la automedicación irresponsable y el uso irracional de medicamentos. Y alertan: “Los fármacos medicinales o medicamentos abandonan así su lugar de bien social, esencial para la salud pública, y pasan a ser un bien de consumo”.



Denuncia en San Isidro

Los profesionales de la salud denunciarán hoy ante las autoridades nacionales y bonaerenses que en el Hospital Central de San Isidro se aplican “protocolos ilegales” de diagnóstico y tratamiento a los personas que padecen gripe A. La Federación Sindical de Profesionales de la Salud de la República Argentina (Fesprosa) realizará una presentación ante el ministro de Salud, Juan Manzur, en tanto que referentes de la Asociación Sindical de Profesionales de la Salud de la provincia de Buenos Aires (Cicop) hará lo mismo en La Plata. El hospital depende del municipio, cuyo intendente es Gustavo Posse.

Los médicos y enfermeros denunciarán “la aplicación de doble dosis de Tamiflu, de corticoides, la internación innecesaria” de personas “y la provisión de antibióticos preventivos” de la gripe A, un tratamiento que “no fue autorizado ni por las instituciones ni obtuvo el consentimiento de los pacientes”.

Según la Fesprosa, a pesar del alerta epidemiológico declarado el 17 de junio pasado, que establece la realización de estudios virológicos sólo en cuadros de infección respiratoria aguda grave, en el Hospital de San Isidro “se continuaron realizando a pacientes con enfermedad potencialmente grave”. “De esta manera, se expuso al personal de salud a un exceso de tomas de muestra y, por lo tanto de riesgo de contagio”, explicó la Federación.






2009/7/13 Pablo Manuel Rizzo <info@pablorizzo.com>

El experimento del Hospital de San Isidro


Según la denuncia de Cicop, en el Hospital público de San Isidro se comenzó a aplicar un tratamiento que no cuenta con la autorización de las autoridades sanitarias. Los pacientes tampoco fueron suficientemente informados de que dicho tratamiento, según denuncia Jakowsky “es un protocolo experimental que no está en las normas de tratamiento de la gripe aviar en ninguna parte del mundo, ni siquiera en el Ministerio de Salud”.

“Este protocolo –explica el doctor Jakowsky- implica una doble dosis del tamiflú, antibióticos y cortisona por  vía endovenosa. Implicó, además, que se ordene la internación de pacientes que no estaban graves. En total, se aplicó a más de 50 pacientes, sin informarle que se trataba de un experimento: simplemente les decían que los trataban así”.

“Esto salió a la luz porque el jefe de Infectología del hospital y del servicio de Medicina Preventiva es el secretario gremial de la CICOP. Entonces, cuando le iban a consultar los profesionales y los residentes, él comenzó a indagar: ´¿qué es esto? ¿de dónde salió? ¿quién tiene aprobado este protocolo?´, sin obtener ninguna respuesta seria. Entonces, como se trataba de un experimento, el lunes de la semana pasada presentamos una nota al intendente de San Isidro, Gustavo Posse, donde le pedíamos explicaciones sobre quién había autorizado el tratamiento, si estaba aprobado por un comité de ética, si los pacientes firmaban consentimiento luego de haber recibido un informe completo, si había un testigo independiente… Y hasta hoy el intendente no nos respondió”.

La respuesta oficial, en todo caso, fue otra: al día siguiente de presentada la nota, se ordenó el cierre del servicio de Medicina Preventiva, a cargo del profesional que alertó sobre lo irregular de este tratamiento. “Además, se lo sacó del hospital y se lo mandó a un centro de atención primaria que se cae a pedazos, como represalia a la denuncia que hicimos”.

El Cicop decidió hoy denunciar públicamente la existencia de este protocolo experimental y presentar una nota mañana al Ministerio de Salud de la Nación y otra al Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, solicitando “que intervengan el Hospital de San Isidro y que frenen el protocolo experimental”.

Según explica el doctor Yacowsky, “el tamiflú, las cortisonas y el antibiótico que se aplican en este experimento son tres drogas de patente vencida. No están aplicando drogas nuevas: están haciendo una combinación absolutamente experimental, no aprobada por las normas internacionales de tratamiento y sin ninguna justificación. Y esto es algo que se puede hacer en el Hospital de San Isidro porque no hay comité de bioética para controlar los tratamientos experimentales: lo disolvió el propio intendente para tener libertad para hacer este tipo de experimentos”.


http://lavaca.org/notas/dr-jakowsky-de-cicop-%E2%80%9Chay-manipulacion-de-cifras%E2%80%9D/




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Pablo Manuel Rizzo
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