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Hay momentos en que resulta
necesario recordar que vivimos en un mundo cada
vez más interconectado. En la sociedad global,
en estos días hay movimientos para impedir que
maten por lapidación a una mujer adúltera en una
sociedad musulmana, hay un barco luchando para
poder llevar alimentos a los palestinos
bloqueados en la franja de Gaza, hay temor
creciente a que Estados Unidos invada Irán, hay
una invasión multinacional y voraz sobre las
tierras fértiles de toda África para sumarlas a
la agricultura industrial. En ese mundo, plagado
de intolerancia e inequidad, ayer se aprobó en
la Argentina una ley que equipara una serie de
derechos civiles vinculados al matrimonio, para
todos los ciudadanos, sea cual sea su
orientación sexual.
El reconocimiento del derecho de minorías que
hasta ayer eran discriminadas, por la forma en
que se debatió y por la forma en que se aprobó,
por encima de mezquindades de logias políticas o
religiosas, es un ejemplo para el mundo y nos
hace sentir que vivimos en un país que puede ser
mejor, que lo intenta.
Contener y proteger a minorías, uniformando
derechos civiles, es un acto de auténtica
democracia. Por ese camino, es que llegaremos a
la posibilidad de regular y limitar a otras
minorías, que utilizan su poder económico, para
bloquear y bastardear derechos económicos,
sociales y también civiles de la mayoría de los
argentinos.
En un rato, deberemos volver a las asignaturas
pendientes, a nuestros conflictos y
contradicciones.
Pero por este instante, disfrutemos de
pertenecer a la sociedad argentina.
Enrique M. Martínez
Presidente del INTI |
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