Diego, solarenses, feliz año nuevo!!
> en el 74 no habia vuelta, era tiempo de reflujo
> resistieran o no la universidad iba a ser
intervenida
en esto acuerdo con Diego, lo del ' 74 fue "un
golpe fascista".
Lo criticaron mucho por decir eso al gran Raúl
Alfonsín.
Pero tenía razón.
> la situación del software libre es de avance, no de
retroceso
todo el software está avanzando.
El terrible error de los fundamentalistas del SL es
creer que el SL avanza a costa del no libre.
No es así, mi amigos, el SL, el Open Source, etc,
todos podemos convivir y retroalimentarnos en un círculo virtuoso.
Cuando estaba trabajando en el INTI
estuve haciendo un catálogo del SL..
Noté que algunos proyectos de software libre habían
sido exitosos y se habían transformado en proyectos comerciales.
Eso es la innovación, llegar al mercado con el
conocimiento.
El conocimiento científico es libre, el conocimiento
industrial, para ser negocio, o es secreto o está
patentado.
Lo mismo pasa con el software con las maravillosas
dobles licencias.
La versión community es libre, la otra permite
crear trabajo y mantener una empresa, un círculo virtuoso que se
retroalimenta.
> la cuestion es construir organizaciones que puedan apoyar y crecer en
ese avance.
> en el marco del debate, la libre discusion de ideas y la no
censura
eso pasa en Solar.
> la idea
ongista de callar a todos para atornillarse a una burocracia y conseguir
un carguito no es la politica correcta en
> este
momento.
hay
gente que no puede responderte.
Es muy cobarde lo que hacés, Diego.
No es el caso de bubi ni el de Martín (hablo de la
gente que conozco).
> tampoco se compara a la situacion politica nacional
> hoy hay un gobierno que quiere avanzar hacia posiciones nacionales y
populares, el limite se lo impone el resto de la
> sociedad, el parlamento y los factores de poder
el límite a este gobierno se lo impone él mismo con
sus contradicciones, con su autoritarismo y con una corrupción
escandalosa.
Pactar con los barones del conurbano y con Moyano
es una de las tantas "putadas" de Néstor y de Cristina.
> seria
comparable al gobierno de campora
es hora de que
los montos hagan autocrítica, bastantes cagadas se mandaron.
El periodo
73-76 de campora-peron e isabel es uno de los más terribles y desastrosos
de nuestra historia, solo comparables a bochornos como los gobiernos de
Juárez Celman y De La Rúa.
> solanas y
compañia no pueden llamarse izquierdistas, pues defienden a los terratenientes.
Son de derecha
> en todo caso como carrio progresistas de
derecha.
> lozano y los demas son participativistas y progresistas, pero
procapitalistas.
> son el socialismo terrateniente por otro lado ni
cristina ni kirchner son el comunismo.
solanas, carrió, cristina, te olvidaste de nombrar
a los que realmente tienen chances de gobernarnos
te olvidaste del que puso a Kirchner,
Duhalde
te olvidaste de Macri.
Saludos!
Ariel Alegre
----- Original Message -----
Sent: Saturday, January 01, 2011 4:39
PM
Subject: [Solar-general] Fwd: Derechismo,
enfermedad infantil de ciertos izquierdismos - Por Daniel Cecchini - Miradas
al Sur
Si
trasladamos el planteo desde la politica nacional hacia la política
de
los distintos grupos de SL, el planteo a continuación coincide con
el
planteo de los burócratas de solar-ong, que
rechazamos.
no
necesariamente
en el 74 no habia vuelta, era tiempo de
reflujo
resistieran o no la universidad iba a ser
intervenida
peron pacto con la derecha su regreso, volvio para
aniquilar la tendencia
la situación del software libre es de avance, no
de retroceso
la cuestion es construir organizaciones que puedan apoyar
y crecer en ese avance.
en el marco del debate, la libre discusion de
ideas y la no censura
la idea ongista de callar a todos para
atornillarse a una burocracia y conseguir un carguito no es la politica
correcta en este momento.
tampoco se compara a la situacion
politica nacional
hoy hay un gobierno que quiere avanzar hacia posiciones nacionales y
populares, el limite se lo impone el resto de la sociedad, el parlamento y los
factores de poder
seria comparable al gobierno de campora, aunque alli
estaba peron desestabilizando entregado a lopez rega.
solanas y
compañia no pueden llamarse izquierdistas, pues defienden a los
terratenientes. Son de derecha
en todo caso como carrio progresistas
de derecha.
lozano y los demas son participativistas y progresistas,
pero procapitalistas.
son el socialismo terrateniente
por otro
lado ni cristina ni kirchner son el comunismo.
son un proyecto nacional
y popular que apuesta a la conformación de un capital nacional, con todo lo
bueno y malo que eso implica, es lo posible
---------- Mensaje reenviado ----------De: Daniel Cecchini
Derechismo,
enfermedad infantil de ciertos izquierdismos
Recuerdos sobre
las viejas asambleas universitarias setentistas,
cuando con la
Infantería apuntando a las cabezas, el paso feroz de la
Historia se
imponía a ciertas discusiones algo ridículas. Las
efnseñanzas de aquellas
tragicomedias, como para aplicar al escenario
actual.
Por Daniel
Cecchini
Cada tanto la escena reaparece, insiste en mi memoria, y
recuerdo como
si fuera ayer aquella asamblea urgente y caliente en el
Museo de
Ciencias Naturales de La Plata, donde por entonces yo
estudiaba
Antropología. Corrían los últimos meses de 1974. Unos días
antes, el 8
de octubre, una banda integrada por asesinos de la
Concentración
Nacional Universitaria (CNU) y matones de la patota
sindical del
gobernador Victorio Calabró había secuestrado y acribillado
al
secretario de Supervisión Administrativa de la Universidad,
Rodolfo
Achem, y al director central de Planificación, Carlos Alberto
Miguel,
dos importantes referentes de la combativa Asociación de
Trabajadores
de la Universidad Nacional de La Plata (Atulp), que
respondía a la
izquierda peronista. Las facultades eran un hervidero: el
rector
estaba a punto de ser renunciado y se venía la intervención
del
fascista Pedro Arrighi, decretada por el ministro de Educación
de
Isabel, Oscar Ivanissevich.
El día de esa asamblea empezó mal.
Habíamos marchado al rectorado,
donde también funcionaba la Facultad de
Humanidades. La represión
policial fue feroz: la guardia de infantería
apuntaba los
lanzagranadas a la altura de nuestras cabezas y tiraba a
herir, a
matar. Recuerdo haber visto a más de un oficial con la 9
milímetros
empuñada. Un compañero de Veterinaria o de Agronomía -Apaolaza
era su
apellido, la memoria siempre se hace con fragmentos- recibió
una
granada en la frente y cayó fulminado. Durante días se debatió
entre
la vida y la muerte en un hospital. Después de una breve
resistencia,
se produjo la desbandada y muchos nos refugiamos en el
edificio de la
Universidad. Por uno de esos resquicios de legalidad
democrática que
quedaban, la bonaerense no pudo entrar. Poco después del
mediodía,
gracias a las gestiones de un grupo de diputados provinciales,
pudimos
salir sin que nos detuvieran.
Volvimos a las facultades y
convocamos a asambleas para decidir qué
hacer. A las tres de la tarde, el
aula magna del Museo estaba llena de
estudiantes y docentes. Éramos
cientos. Había militantes de casi todas
las agrupaciones: de la JUP, del
Movimiento de Orientación Reformista
(MOR, que respondía al PC), del
Partido Socialista de los Trabajadores
(PST), de la Ters (de otro de los
innumerables trotskismos), del Grupo
Universitario Socialista (GUS), de
la Liga Comunista, de la Liga
Comunista Revolucionaria, de los Grupos
Revolucionarios de Base (GRB,
la agrupación universitaria de las FAL 22
de agosto, donde yo militaba
y que pronto se integraría en bloque al
PRT-ERP), y de muchas otras
cuyas siglas ya no recuerdo. Se notaban dos
ausencias: la de Franja
Morada (los radicales no tenían un solo militante
en el Museo) y la
del Faudi (del PCR, que empezaba a “defender al
gobierno democrático
de Isabel y López Rega contra el golpe ruso o
yanqui”). La mayoría,
sin embargo, eran estudiantes no alineados con
ninguna agrupación, a
los que llamábamos “independientes”. Indignados por
la represión y
dispuestos a movilizarse contra la intervención.
Era
imprescindible tomar decisiones rápidas y delinear un plan de
lucha.
Todos coincidíamos en que había que movilizarse y evitar la
intervención.
Casi todos pensábamos que había que tomar las facultades
–en nuestro caso
el Museo- para garantizar su funcionamiento. Sin
embargo, las horas
pasaban, la lista de oradores era enorme y quedamos
empantanados en una
discusión que en ese momento nos parecía central y
que hoy (con los
resultados del diario del lunes) se me ocurre
bizarra: la JUP, acompañada
a desgano por el MOR, proponía “apoyar” (a
secas) al rector y resistir la
intervención; el resto de las
agrupaciones –pero con diferencias entre
nosotros también – proponía
resistir pero sólo dar “apoyo crítico” al
rector. En la discusión
irresuelta sobre la criticidad o no del apoyo se
hizo de noche y con
ella se fueron los “independientes”. Quedábamos
apenas unos cincuenta,
todavía discutiendo y chicaneándonos, cuando llegó
la noticia –por
entonces no había teléfonos móviles, los únicos celulares
que
conocíamos eran los de la cana y las noticias corrían a pata o,
con
suerte, a bordo de la motocicleta de algún militante– de que
Arrighi
había asumido y la intervención era un hecho.
Ahora que lo
escribo, la sensación de fracaso que tuve entonces vuelve
con toda su
fuerza. Esa noche, mucho más tarde, en la pensión donde él
vivía, el
Cristiano –compañero de los GRB y después del PRT- me dijo:
“Hermanito,
nos hicimos la paja con la crítica y la historia nos pasó
por encima”. No
me acuerdo qué le contesté (pero seguro que fue una
boludez: yo era mucho
más esquemático que él).
A la mañana siguiente, cuando llegamos, había
varios patrulleros
afuera del Museo. Adentro era peor. Los fachos,
disfrazados de no
docentes, controlaban todo. Días después, en uno de sus
primeros
discursos como interventor, el fascista Arrighi acusó a los
dos
rectores anteriores de haber dirigido “inteligentemente una
ingeniosa
penetración marxista” en la Universidad. De un plumazo perdimos
lo que
habíamos conseguido en un año y medio de lucha: el
ingreso
irrestricto, el comedor universitario y las cursadas nocturnas
para
los compañeros que trabajaban. Los mejores docentes tuvieron que
irse.
En aquella asamblea, unos y otros –todos, pero sobre todo
quienes
militábamos en las agrupaciones de la izquierda marxista–
perdimos de
vista lo central: que si queríamos resistir la intervención
debíamos
unirnos para defender lo que habíamos logrado, aunque para
eso
tuviéramos que apoyar a una gestión con la que teníamos
diferencias
pero que, indudablemente, pertenecía al campo popular. No sé
si lo
hubiéramos logrado, pero por lo menos no le habríamos hecho el
juego a
lo peor de la derecha.
Después se vino la
noche.
Identidad y pequeñas diferencias. Casi tres décadas después de
aquella
asamblea, en julio de 2004, me invitaron a dar una charla en
la
Escuela Freudiana de la Argentina, como parte de las actividades
por
el 30º aniversario de su creación por Oscar Massota. Me tocó, junto
a
Luis Salinas (el periodista, no el músico), hacer un repaso de
treinta
años de política argentina. Al final, apelados por las
preguntas,
hablamos también de nuestros orígenes políticos (peronistas,
en el
caso de Luis) y de nuestras militancias en los ’70. Fue
entonces
cuando una psicoanalista cincuentona, de llameante teñido rojo,
nos
espetó con una falsa ingenuidad que resultó devastadora: “Y
diganmé,
¿por qué, si todos estaban del mismo lado, no pudieron hacer un
frente
común contra la derecha y contra el golpe?”. En honor a Massota y
para
provocar a la psicoanalítica audiencia (lo que venía a ser lo
mismo),
esquivé la respuesta política y retruqué: “Por la misma razón
que
ustedes se dividen en decenas de espacios y escuelas. Por
el
narcisismo de las pequeñas diferencias”. Hubo risas -algunas
francas,
otras incómodas- y la cosa quedó ahí. Mientras respondía me
acordé de
la asamblea.
Volví a recordarla, más de una vez, durante
este último año. Sobre
todo al escuchar las declaraciones de algunos
dirigentes de reconocida
pertenencia al campo popular -como Pino Solanas,
Claudio Lozano o los
legisladores socialistas-, o al ver cómo se
alineaban algunas fuerzas
progresistas para votar o dar quórum en el
Congreso. Es legítimo y
comprensible que tengan diferencias por izquierda
con el Gobierno y
que lo critiquen con dureza. Yo también las tengo. Y no
son pocas. Es
el derecho de todos en una sociedad democrática. También es
legítimo
que intenten preservar su identidad política de izquierda frente
a un
oficialismo que lleva adelante buena parte de sus reclamos
históricos.
Lo que no se entiende –o sí, y entonces es peor – es que para
correr
por izquierda al Gobierno le abonen el campo a la derecha de
los
grupos económicos concentrados, de los monopolios mediáticos y de
sus
voceros políticos. Que le pongan palos en la rueda a proyectos
y
medidas de gobierno que significan más soberanía, menos (aunque
sea
apenas un poco) desigualdad social y mejores condiciones de vida
para
millones de argentinos.
No hace falta discutir sobre táctica y
estrategia política para darse
cuenta. Tampoco es necesario haber leído
Izquierdismo, enfermedad
infantil del comunismo. Aunque les vendría bien.
Es, apenas, una
cuestión de honestidad intelectual.
--
Diego Saravia
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NO
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