Quienes no han pasado por épocas muy
tristes de la Argentina, estos tiempos que se viven con final incierto pero
complejo ya se transitaron antes con actores diferentes pero procedimientos
parecidos, eso sí con una escenografía distinta y mayores dificultades.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Especial para Urgente24).
Que el sindicalismo peronista es una bolsa sin fondo de corrupción no es
ninguna novedad. Que utiliza desde hace mucho tiempo atrás
procedimientos de aprietes, con prácticas mafiosas tampoco es extraño. Lo que sí
resulta sorprendente es la escalada de todos estos procederes los cuales
no encuentran techo.
Pero cómo van a tener techo si todo fue agigantado por los
Kirchner para conseguir ilusamente los respalden los gordos multimillonarios en
sus ambiciones desmedidas de poder. Cómo hacerles cambiar sus patoteros
procederes si comulgan los mismos con la política de aprietes que emplean
los actuales gobernantes contra todos aquellos que los critican por el solo
hecho de pensar de otra forma.
Cómo lograr que los popes del sindicalismo no sean ricos, sin que
esto pueda explicarse racionalmente cuando los mismos que gobiernan son
receptores de los mismos cuestionamientos.
Este panorama para aquellos que tienen una vida extensa y buena memoria
tiene grandes similitudes a situaciones vividas hace años cercanos a las épocas
más tristes del país con la salvedad que, quizás por la cercanía de
estos tiempos en detrimento de los pasados, los actuales podrían obviarse si la
calidad de los dirigentes políticos oficialistas y opositores fuera otra
muy distante de la precariedad que delatan la gran mayoría de los
contemporáneos.
Puede un país vivir a expensas de las decisiones de una familia que rige
los destinos de la central obrera y que además de ser dueña de una fortuna
inconmensurable se atreve a amenazar de la forma más vergonzosa e impune posible
a los medios de comunicación si estos insisten en comunicar las trapisondas
empleadas por el cacique sindical para colmar sus bolsillos ilícitamente.
Las instituciones de la República no han respondido frente a todo esto
porque una de ellas primordialmente, el Ejecutivo, es cómplice de los desatinos
a los que se ha llegado.
La Presidente y sus lacayos hacen y harán lo inimaginable para
permanecer en el poder, con el engañoso argumento de la continuidad de un modelo
a defender. ¿Qué modelo?
El modelo más siniestro. El que con la excusa de la distribución equitativa
de la riqueza ha permitido la concentración más escandalosa de la misma en unos
pocos, mientras los pobres cada día son más pobres y la clase media se derrumba
producto de la falta de inversiones genuinas que brinden nuevas fuentes de
trabajo, de una inflación que destruye el salario de aquellos que pueden
trabajar en blanco y aún peor para los 4 millones que lo hacen en negro.
El modelo de los subsidios que alientan la vagancia y el
clientelismo político. El modelo de la creación constante de cortinas de humo
para distraer la atención de aquellos temas que perjudican al gobierno para
convertirlos en elementos que desacreditan a sus opositores.
El modelo del desvío permanente de dineros públicos para ser utilizados
indiscriminadamente y sin control alguno; o el empleo de buena parte de los
mismos para crear un multimedios de vasto alcance para mentir y difamar a los
medios y periodistas que se atreven a opinar de manera contraria a la que desean
los gobernantes.
El modelo que desalienta la educación y desatiende la salud
pública. El que no reconoce la inseguridad que invade como nunca a todo el país
con el agregado de la proliferación inusitada del narcotráfico que llegó para
quedarse.
El modelo del odio y del rencor en defensa de los derechos humanos de los
guerrilleros de la década del '70, sin importar la aplicación de los mismos a
los que mueren por desnutrición, indigencia, contaminación ambiental,
drogadicción, etc. en la actualidad.
El modelo del enfrentamiento entre argentinos expandido cruelmente
desde el mismo centro del gobierno nacional.
El país está sumergido en el desconcierto, en la falta de conocimiento de
los que pasará mañana. Todo es imprevisible. Todo es enloquecedor. Todo impide
soñar con un mañana mejor.
Argentina es un barco sin timón y a la deriva. Da lástima compararla con
tan solo algunos de los países vecinos que miran a esta tierra que tiene de todo
pero que carece de lo elemental: dignidad, ética pública, moral, justicia,
respeto por la ley y las instituciones, orden, entre otros bienes que hacen al
decoro y existencia de una República.
Si un dirigente sindical y vicepresidente del partido de gobierno
llegó a desafiar con un paro general con movilización al gobierno y a toda la
población porque la justicia de otro país quiere indagar su posible accionar
delictuoso y la autoridades negocian con este sujeto para que no llegue a
cumplir su anunciada represalia -mientras la sociedad lo toma como un
hecho más del folclore argentino- el futuro inmediato es
desolador.
¿Con qué cara y explicación coherente puede un padre satisfacer las
preguntas de un hijo al respecto?
Si esto es así votar este año será solo un hecho circunstancial de una
democracia que no existe y de una degradación social sin
precedentes.