Cuando Quiliro le invitó a entrar a aquella lista, Diego Saravia no sospechaba que estaba entrando en la Casa Tomada de Julio Cortázar. De todas las habitaciones llegaban ruidos, crujires, lamentos. No conseguía entender que la casa era un laberinto del tamaño de su propio ego. Cientos de pupilas, miles de ojos, parecían conocer sus pasos desde el inicio de los tiempos. Desde los rincones, llegaban los ecos de su arrogancia, de su constante petulancia, de su asumida superioridad moral en decenas de listas. Cuando el troll le invitó a la Casa Tomada, Diego no sospechó que tendría que huir de la lista, asustado de su propio reflejo frente al espejo. Corrió a abrir la puerta, encontró el click de la desubscripción. El final es el conocido por los cortazarianos, el previsible en estos casos. Diego escribió: "
Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla".
Aclaración sobre el arquetipo: arquetipo de "sabio" no es sinónimo de persona sabia. Quien asume que es sabio difícilmente se adaptará a lo que el subsconsciente colectivo espera del "sabio" y será rechazado. Tendrá que buscar otro arquetipo. Algunos estudiados por Carol S. Pearson y Margaret Mark en The Heroe and the Outlaw tal vez encajen con tu ego: el "creador", el "héroe", el "soberano"