¿Podemos ser felices en un contexto de infelicidad?
Todo influye en el cambio social y en nuestra felicidad. Durante el curso hemos aprendido que no hay fórmulas mágicas, pero sí pequeños trucos que todos podemos poner en práctica.
Es difícil no estar de acuerdo con la poeta Margaret Runbeck cuando afirmaba: «La felicidad no es una estación a la cual hay que llegar, sino una manera de viajar». La frase dice mucho y nos sugiere que el «proceso» es más importante que el «resultado».
Desde un punto de vista menos literario y apelando a la psicología, la ética y la filosofía, una existencia que se acerque lo más posible a una plenitud consistente (viajar bien), requiere de la capacidad de integrar al menos tres tipos de «vida» en una sola:
• Una vida placentera. Esto implica darse gusto y estar en contacto con estímulos o situaciones que produzcan goce y disfrute.
• Una vida gratificante. Aquí se desarrollan las fortalezas personales, las virtudes, nuestros talentos naturales. Actuar según aquello para lo que estamos «diseñados», estar en concordancia con lo que pensamos, sentimos y hacemos (coherencia).
• Una vida significativa. Es decir, sentirnos partícipes de algo superior que le otorgue un sentido a la propia existencia y que nos comprometa hasta el alma.
La felicidad es una construcción personal y social que nunca se acaba, es un horizonte que nos inspira, no una «estación a la cual hay que llegar». Es proceso en estado puro. Así la sociedad del agotamiento nos exprima.