Cuando me disponía a escribir este artículo, llamé a un buen amigo
mío, que es judío, y le pregunté si era apropiado usar el término Holocausto
para describir la violencia mundial contra las mujeres.
Quedó
sorprendido. Pero, cuando le leí las cifras de un trabajo publicado por el
Centro para el Control Democrático de las Fuerzas Armadas de Ginebra (DCAF,
según sus siglas en inglés) en marzo de 2004, me dijo que sí, sin
titubear.
Entre 113 y 200 millones de mujeres de todo el mundo están
"desaparecidas" demográficamente. Cada año, entre 1,5 y 3 millones de
mujeres y niñas pierden la vida como resultado de la violencia o el descuido
basados en el género. Como lo expresó en noviembre pasado The
Economist, que informó sobre el trabajo del DCAF: "Cada dos a cuatro años,
el mundo aparta la vista de un recuento de víctimas de la misma escala que el
Holocausto de Hitler".
¿Cómo es posible que esto sea así? He aquí algunos
de factores:
-En los países donde el nacimiento de un varón se considera un regalo y el
nacimiento de una niña, una maldición de los dioses, el aborto selectivo y
el infanticidio eliminan a las bebas.
-Las niñas de corta edad mueren en forma desproporcionada debido al descuido,
porque el alimento y la atención médica se dan primero a los hermanos
varones, el padre, el esposo y los hijos varones.
-En los países donde a las mujeres se las considera propiedad de los
hombres, sus padres, hermanos y esposos las asesinan para elegir a sus
propias compañeras sexuales. Estos reciben el nombre de crímenes de "honor",
aunque el honor nada tenga que ver con ello. Jóvenes novias son asesinadas si
sus padres no les pagan suficiente dinero a los hombres que las desposaron.
Estas se denominan "muertes por dote", aunque no son simples muertes sino
asesinatos.
-El brutal comercio sexual internacional de muchachas jóvenes mata a
innumerable cantidad de mujeres.
-La violencia doméstica es una
importante causa de muerte de mujeres en todos los países del globo. Las mujeres
de entre 15 y 44 años tienen más probabilidades de ser asesinadas o lisiadas por
sus parientes varones que de morir de cáncer, malaria, accidentes de tránsito o
en la guerra.
-Se le da tan poco valor a la salud de la mujer que
todos los años mueren de parto alrededor de 600.000 mujeres. Como señaló The
Economist, esto equivaldría a que el genocidio de Rwanda se repitiera cada
12 meses.
-Cada día, sufren mutilación genital 6.000 niñas de corta edad, según
la Organización Mundial de la Salud. Muchas de ellas viven el resto de su vida
con un dolor invalidante.
-Según la OMS, una mujer de cada cinco probablemente sea víctima de una
violación o un intento de violación en el curso de su vida.
El
genocidio es el deliberado exterminio de grandes cantidades de personas. Lo que
les está ocurriendo a las mujeres y niñas de muchos lugares del mundo es un
genocidio. Estas muertes no son silenciosas —todas las víctimas gritan su
sufrimiento—. No es tanto que el mundo no las escuche; es que los seres humanos
decidimos no prestar atención.
A nosotros nos resulta mucho más cómodo
ignorar estos temas. Y, cuando digo "nosotros", incluyo a las mujeres, porque
a menudo traicionamos a nuestras compañeras. Con demasiada frecuencia,
somos las primeras en apartar la vista. Incluso a veces participamos,
favoreciendo a nuestros hijos varones y descuidando a nuestras
hijas.
Vuelvan a leer la lista de factores mencionados más arriba. Todas
las cifras son estimaciones. Casi nunca hay cifras precisas en este
campo; registrar la violencia contra las mujeres no es una prioridad en la
mayoría de los países. ¿Cuántos tribunales se han creado para someter a juicio a
los culpables de estos delitos? ¿Cuántas Comisiones de Verdad y Reconciliación
se han establecido? ¿Cuántos actos de conmemoración en todo el mundo nos
recuerdan que debemos llorar por estas víctimas?
Puedo oír las excusas
usuales para no actuar. "No sabemos con certeza si se trata de una aniquilación
sistemática". "Es su religión, y a muchas mujeres no parece importarles
pertenecer a esa religión". "No se puede atacar la cultura de un pueblo". "Es
desafortunado para las víctimas pero, en tiempos de guerra y pobreza, la gente
muere".
Pero, como informa The Economist, entre 1992 y 2003, los
peores conflictos —los que acaban con más de 1.000 vidas— disminuyeron un 80 por
ciento. Entre 1991 y 2004, se encendieron (o re-encendieron) 28 conflictos
armados, pero otros 43 fueron contenidos o extinguidos.
Y la pobreza
tampoco tiene mucho que ver con ello. Los países ricos también persiguen a
las mujeres. En Arabia Saudita, las mujeres no pueden votar; no pueden salir
de su vecindario o su país sin autorización de sus padres o esposos; no pueden
trabajar ni elegir a su cónyuge, a menos que sus tutores se lo permitan. Las
mujeres de Arabia Saudita nunca son adultas. En el mejor de los casos, son
mascotas hogareñas; en el peor, esclavas domésticas. Y, sin embargo, nadie
podría decir que Arabia Saudita es pobre, salvo en términos
culturales.
Hay tres grandes obstáculos para avanzar. Primero, las
mujeres no estamos organizadas o unidas de ninguna manera. Las mujeres de
los países ricos, que hemos logrado la igualdad ante la ley, nos debemos a
nosotras mismas movilizarnos para ayudar a nuestras compañeras. Sólo nuestra
indignación y nuestra presión política pueden llevar al cambio.
En
segundo lugar, están las fuerzas del oscurantismo que quieren cerrar el
mundo en lugar de abrirlo. Los islamistas están empeñados en restaurar y
difundir leyes brutales y retrógradas.
Tercero, los
relativistas culturales y morales minan nuestro sentido de indignación
moral al defender la postura de que los derechos humanos son un invento
occidental. Los hombres que maltratan a las mujeres rara vez dejan de usar el
vocabulario que amablemente les suministraron los relativistas. Reclaman el
derecho a adherir a un conjunto de valores diferente —un enfoque "asiático",
"africano" o "islámico" de los derechos humanos. Según este punto de vista,
cuando los esposos, los padres o los hermanos intentan poseernos como un bien de
su propiedad, esto es una expresión de cultura o religión y debe ser
respetado.
Debe quebrarse esta mentalidad. Una cultura que mutila los
genitales de las niñas, le pone grilletes a su mente y justifica su opresión
física no es igual a una cultura que piensa que las mujeres tienen los mismos
derechos que los hombres.
Aun cuando auténticamente busquen la paz y la
prosperidad, nuestros dirigentes rara vez se dan cuenta de que, mientras
exista una guerra contra las mujeres, la humanidad nunca conocerá la paz.
Desamparar a las mujeres es algo que atrofia a la sociedad entera.
Cuando
somos violadas, concebimos en la humillación y les transmitimos nuestra furia a
nuestros hijos varones. Si no somos queridas, no podemos dar amor; y si no se
nos alimenta y protege, descuidamos. Las mujeres que son tratadas con crueldad
crían mercenarios y opresores. Si se nos destruye, nosotras también
destruimos.
Un tribunal similar a la Corte de Justicia de La Haya debería
buscar a los 113 a 200 millones de mujeres y niñas desaparecidas. Convertir los
números en rostros y nombres contribuirá enormemente a la erradicación de la
violencia.
Así como terminamos con la esclavitud, debemos acabar con el
genericidio.
* Ayaan Hirsi Ali vive bajo custodia las 24 horas
debido a las amenazas de muerte que recibió de islamistas radicales a partir del
asesinato de Theo van Gogh, con quien realizó el film "Sumisión" sobre las
mujeres y el islam.
Copyright Clarín y Global Viewpoint, 2006.
Traducción de Elisa Carnelli.