La fiereza implacable de los defensores de lo privado se volvió contra una pequeña frutería ecológica de barrio, y consiguió si no quitarnos la alegría, si vaciarnos los bolsillos en nombre de la sinrazón absolutista del dinero.
Y por eso lanzamos también nuestra campaña de apoyo, por si os apetece participar.
¡Viva el mal, viva el vegetal!