Las
bajas no contabilizadas de la guerra
The
Uncounted Casualties of War Aug 1, 2007
Por
Amy Goodman
Al Infante de
Nicholson, el secretario de Asuntos de los Veteranos, por homicidio
culposo,
mala praxis médica y otros perjuicios.
Kevin y Joyce Lucey fueron testigos del rápido declive de su hijo tras
haber
vuelto de combatir en Irak en Junio de 2003. Kevin dijo: “las
alucinaciones
empezaron siendo visuales, auditivas, táctiles. Hablaba de cómo oía a
las
arañas-camello en su habitación por la noche, y de hecho tenía una
linterna
bajo su cama, lista para usarla para buscar las arañas-camello. Toda su
vida se
estaba desmoronando”.
Jeffrey
le dijo a su
familia que se le ordenó ejecutar a dos prisioneros de guerra iraquíes.
Después
de que matara a los dos hombres, Jeffrey cogió sus cédulas de
identificación y
las llevó puestas hasta
Jeffrey empeoró. Se quedaba encerrado en su habitación, viendo la
televisión y
bebiendo abundantemente. Jeffrey era reticente a buscar ayuda, temiendo
el
estigma que creía acompaña a los tratamientos de salud mental.
Finalmente, el
28 de Mayo de 2004, la familia Lucey consiguió que Jeffrey ingresara,
contra su
voluntad, al hospital. El hospital del Departamento de Asuntos de los
Veteranos
le dio el alta tres días más tarde.
El 5 de Junio de 2004, Jeffrey había empeorado de forma significativa.
Sus
hermanas y su abuelo le volvieron a llevar a VA (Veterans Affairs –
Servicio de
Asuntos de los Veteranos). Joyce afirma que el VA “decidió que no
estaba
diciendo lo que debía decir para ser internado contra su voluntad. Más
tarde
descubrimos que en ningún momento llamaron a un psiquiatra o alguien
que
pudiera haber evaluado su estado. Y tienen todo esto en sus registros.
En ellos
se dice que el abuelo rogó que su nieto fuera admitido”.
La familia Lucey descubrió más tarde, por notas del personal, que
Jeffrey habló
sobre tres formas de cometer suicidio. Su padre lo explicó: “Les dijo
que se
asfixiaría, tomaría una sobredosis o se ahorcaría. También le confió al
psiquiatra que había comprado una
manguera. Y, por supuesto, el 5 de Junio, cuando intentamos internarlo
por
segunda vez y el VA se negó, Joyce y yo recorrimos toda la casa y
quitamos todo
aquello con lo que pudiera provocarse daño, pero nunca pensamos en una
manguera”.
Rechazado
por el Centro
Médico de Asuntos de los Veteranos, Jeffrey pasó sus últimas dos
semanas de
vida en casa. Kevin Lucey describe la noche previa al suicidio de su
hijo:
“Eran más o menos las 11:30 de la noche, y tanto Jeff como yo estábamos
agotados. Me preguntó si podría sentarse en mi regazo. Así, durante 45
minutos
nos mecimos en
silencio, y el terapeuta nos dijo tras la muerte de Jeff que sin duda
ese era
su último lugar de refugio, el último puerto seguro al que sentía que
podía
acudir”.
La noche siguiente, tras regresar a casa del trabajo, Kevin entró
apresuradamente en la casa: “Fui a su habitación, y lo primero que noté
fue que
las cédulas de identificación estaban sobre su cama”. Bajó hasta el
sótano,
donde encontró a su hijo Jeffrey muerto, con una manguera atada dos
veces
alrededor de su cuello.
Tres años después, sus padres han presentado una demanda. No están
solos. Una
demanda colectiva aparte fue presentada por Veterans for Common Sense
(Veteranos por el Sentido Común) y Veterans United for Truth (Veteranos
Unidos
por
La nota de suicidio de Jeffrey Lucey comienza así: “Queridos Mamá y
Papá, no
hay palabras con las que pueda expresar mis disculpas por el dolor que
les he
causado pero les ruego que me perdonen. Quiero que sepan que los he
querido a
los dos y aún los quiero, pero el dolor de la vida ha sido demasiado
para mí
como para soportarlo”.
Apoyar a los soldados significa cuidar de ellos y ellas cuando regresan
a casa.
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