El 9 de octubre, tras las rejas, Troy Davis cumplió
39 años. Fue acusado de haber disparado a muerte al oficial de policía
fuera de
servicio Mark Allen McPhail en un tiroteo en el estacionamiento de un
Burger
King en Savannah, Georgia, una noche de agosto de 1989. Alguien estaba
golpeando a un vagabundo para quitarle una lata de cerveza. Davis
intervino,
pero huyó cuando el asaltante lo amenazó con un arma. McPhail, que
trabajaba
aquella noche de guardia de seguridad en la estación de autobuses
Greyhound,
intervino a continuación y fue asesinado. Davis ha sostenido su
inocencia todo
este tiempo.
El estado de Georgia presentó a 15 testigos en el
juicio contra Davis, un afroaestadounidense. Fue declarado culpable y
condenado
a muerte. Desde que fue condenado, siete de los nueve testigos civiles
se han
retractado de sus respectivos testimonios, alegando que fueron
presionados por
la policía para obtener sus declaraciones. Uno de los que no ha
corregido su
testimonio es Sylvester Coles, a quien otros identificaron como el
autor del
disparo. A pesar de estas retractaciones, los tribunales se han negado
a
reabrir el caso. Davis se enfrenta a la ejecución por inyección letal,
un
método sobre el que varios estados han impuesto una moratoria. La
semana
pasada, la Corte Suprema de EE. UU. accedió a considerar argumentos
acerca de
la constitucionalidad de la inyección letal.
A lo largo de todo el calvario de Davis, su hermana,
Martina Correia, ha luchado para que sea liberado. Martina habló en
julio ante
el Comité de Indultos y Libertad Condicional del Estado de Georgia un
día antes
de la prevista ejecución de Davis. El comité concedió un aplazamiento
de la
ejecución. Correia describió la audiencia:“La audiencia de
petición de clemencia para Troy ha
sido la más larga de la historia de Georgia. Y finalmente decidieron
concederle
a Troy un aplazamiento de 90 días.”
“Pero
lo que ocurrió fue que cinco de los siete testigos que se retractaron
decidieron hablar, incluido el hombre a quien atacaron aquella noche, y
dijeron: ‘En
ningún momento vi a Troy Davis en el estacionamiento’. Un señor dijo
que era soplón de lapolicia, y que
la policía le había pagado en repetidas ocasiones para que mintiera
sobre
varias personas, que simplemente actuaba según lo que decían los
titulares, y
que la policía le proporcionaba el resto. Otro testigo declaró que no
sabía
leer ni escribir. El oficial de policía les dio declaraciones
prefabricadas.
Así que nadie sabía lo que ocurría, pero fueron amenazados e
intimidados. Y ahora
se presentaron ante el Comité de Libertad Condicional de Georgia, y
declararon
todo esto bajo juramento”.
El congresista John Lewis testificó a favor de
Davis. Me confió lo siguiente:“Troy
Davis es inocente, y por ese motivo he testificado ante el Comité de
Libertad
Condicional. Nadie debería ser condenado a muerte cuando existen todas
estas
cuestiones sin aclarar”.
Mientras Martina lucha por la vida de su hermano,
está luchando igualmente por la suya: “He estado
luchando contra un cáncer de mama con metástasis
durante seis años y medio. En 2001 me dijeron que me quedaban seis
meses de
vida, y le pedí a Dios que tan sólo me diera fuerzas para ver crecer a
mi hijo
y ver libre a mi hermano Troy. Y he dedicado mi vida a esto. A pesar de que
no he trabajado durante casi siete
años por la quimioterapia y los tratamientos constantes, hago trabajos
voluntarios en mi comunidad y tareas
relacionadas con los derechos humanos; no sólo para ayudar a Troy, sino
para
ayudar a otras personas que se encuentran en la misma situación. Así
que mi
lucha no es sólo por Troy. Lucho para que todos combatamos la injusticia”.
El caso de Davis es un ejemplo de manual de la
disparidad racial en EE. UU., principalmente en el Sur Profundo, en
cuanto a la
imposición de la pena de muerte. El Colegio de Abogados de Estados
Unidos ha
señalado las disparidades raciales de Georgia en lo que se refiere a
condenas a
la pena capital, afirmando que se ha autorizado la adjudicación de
abogados
defensores inadecuados y ha sido “prácticamente
el único estado que no ha proporcionado atención legal para los
procedimientos
de hábeas corpus a indigentes sentenciados a la pena de muerte”.
La Corte Suprema de Georgia ha aceptado el pedido de
Davis de realizar un nuevo juicio, que está previsto para el 13 de
noviembre.
En ese nuevo juicio, la querella podría tener que enfrentarse a que la
mayoría
de sus testigos se retracten de sus antiguos testimonios. Este mes, el
13 de
octubre, se celebrará una importante marcha en nombre de Davis en
Savannah, una
ciudad acostumbrada a la cara de Martina: su foto adorna el lateral de
la
furgoneta que recorre la ciudad realizando mamografías a mujeres
indigentes.
Tres millones de mujeres sufren cáncer de mama en
EE. UU. Las mujeres afroestadounidenses tienen en general un menor
porcentaje
de posibilidades de supervivencia que las mujeres blancas. Lo que pase
en los
próximos meses determinará si Martina y Troy consiguen desafiar los
malos
pronósticos.
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Amy
Goodman es la presentadora de Democracy
Now! (www.democracynow.org), noticiero internacional diario
emitido por más de 500 estaciones de radio y televisión en Estados
Unidos y el
mundo.
En
Inglés:
http://www.truthdig.com/report/item/20071009_brother_and_sister_fight_for_life/
traducido
por: Ángel Domínguez y Democracy Now! en español, [email protected]