Segmento
de Hoy de Democracy Now! 20 de Julio de 2007
http://www.democracynow.org/article.pl?sid=07/07/20/1420235
(inglés)
Familiares
de las víctimas de los
escuadrones de la muerte de Colombia demandan al gigante estadounidense
del
comercio de la fruta "Chiquita" por armar y financiar a sus asesinos
La
empresa frutera Chiquita, con base en Cincinnati, ha sido denunciada
por
financiar, armar y apoyar a escuadrones
de la muerte de Colombia. El grupo pro derechos humanos EarthRights
International presentó una demanda conjunta en nombre de seis
colombianos cuyos
familiares han sido presuntamente asesinados por un grupo paramilitar
colombiano financiado en parte por Chiquita. La demanda alega que el
gigante
del comercio de bananas enviaba dinero y armas a un escuadrón de la
muerte de
extrema derecha que asesinó a miles de personas y envió cantidades
desconocidas
de cocaína a Estados Unidos.
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El
Gran Traspié de Chiquita
Chiquita’s
Slipping Appeal – 20 de marzo, 2007
Por
Amy Goodman
¿Qué tienen en común Osama bin Laden y
las bananas de Chiquita? Ambos han utilizado sus fortunas millonarias
para
financiar actividades terroristas.
El Departamento de Justicia acaba de
multar con 25 millones de dólares a “Chiquita Brands International” por
financiar una organización terrorista...durante años. Chiquita
deberá cooperar plenamente con las
investigaciones en curso sobre sus pagos al grupo paramilitar y
ultraderechista
colombiano conocido como Autodefensas Unidas de Colombia. Chiquita
realizó
pagos casi todos los meses a las AUC desde 1997 hasta 2004, alcanzando
una
cifra de al menos 1,7 millones de dólares.
Las AUC son una organización paramilitar
brutal integrada por alrededor de 15.000 a 20.000 hombres armados. Fue
calificada de organización terrorista por Estados Unidos el 10 de
septiembre de
2001. Entre sus tácticas habituales se
destacan el secuestro, la tortura, la desaparición, las violaciones, el
asesinato, las golpizas, la extorsión y el tráfico de drogas.
Chiquita declara que tenía que realizar
dichos pagos en respuesta a las amenazas de las AUC y para proteger a
sus
empleados y propiedades. Los abogados de
Chiquita suplicaron a la empresa que dejase de realizar aquellos pagos
ilegales, aunque sin éxito. Los pagos se realizaron mediante cheques a
través
de su filial colombiana, Banadex. Cuando los ejecutivos de Chiquita
descubrieron que los pagos eran ilegales, empezaron a enviar el dinero
en
efectivo. Chiquita vendió Banadex en junio de 2004 cuando las cosas
empezaron a
ponerse demasiado complicadas.
Mientras las AUC se dedicaban a
recolectar los dólares estadounidenses de Chiquita, asesinaban a miles
de
personas inocentes en las zonas rurales del país. Chengue era una
pequeña aldea
dedicada a la agricultura en el departamento de Sucre. Cerca de 80
paramilitares de las AUC entraron en el poblado en la madrugada del 17
de enero
de 2001. Acorralaron a los hombres en un lugar y les machacaron el
cráneo con
piedras y mazas, asesinando a 24. Uno de los paramilitares implicados
en la
matanza, un joven de 19 años, confesó y proporcionó los nombres de los
cabecillas, entre quienes se incluían miembros del cuerpo de la policía
y
oficiales de la Marina. Hasta la fecha, es el único que ha sido
castigado por
los hechos. Esta es tan sólo una de las cientos de masacres perpetradas
por las
AUC.
Chiquita tiene un largo historial
criminal en sus espaldas. The Cincinnati Enquirer, el principal
periódico de la
ciudad donde se ubica la sede de la
empresa, destapó sus trapos sucios en 1998. El periódico descubrió que
Chiquita
expuso a comunidades enteras a pesticidas de alto riesgo prohibidos en
EE.UU.,
desalojó a toda una aldea en Honduras a punta de pistola, procediendo
luego a
arrasar el lugar, suprimió sindicatos, sin darse cuenta permitió que
los barcos
de Chiquita transportaran cocaína a nivel internacional, y pagó
fortunas a
políticos estadounidenses con el objetivo de ejercer una influencia
sobre las
políticas comerciales. El periodista encargado de la investigación,
Mike
Gallagher, accedió de forma ilegal a más de 2.000 mensajes de voz de
Chiquita.
Los mensajes respaldaban su historia, pero los métodos que empleó para
conseguirlo causaron su despido. The Enquirer publicó una disculpa en
primera
plana y se informó que pagó a Chiquita 14 millones de dólares. El escándalo de los mensajes de voz sacudió
los cimientos del Enquirer, y se acabó por enterrar aquel escándalo.
Chiquita era antes conocida como United
Fruit Co., que con la ayuda de su antiguo abogado, el Secretario de
Estado John
Foster Dulles, y de su hermano Allen Dulles, al mando de la CIA en ese
momento,
derrocaron al presidente democráticamente elegido en Guatemala, Jacobo
Arbenz
Guzmán, en 1954. Y
podríamos seguir rastreando su
historia. El colombiano premio Nobel de
Literatura, Gabriel García Márquez, escribió en su ya clásico “Cien
años de
soledad” sobre la “masacre de las bananeras” perpetrada contra los
trabajadores
en huelga de la United Fruit en 1928 en
Santa Marta: “Cuando la empresa bananera llegó... los antiguos policías
fueron
reemplazados por asesinos a sueldo”.
Mientras que Estados Unidos busca lograr
la extradición de los ejecutivos de Chiquita en Colombia, el gobierno
del
presidente colombiano Álvaro Uribe, cuyos propios funcionarios fueron
recientemente vinculados con los paramilitares de la derecha, ha
contraatacado
diciendo que intentará extraditar a su vez a los ejecutivos
estadounidenses de
Chiquita. Los fiscales colombianos también buscan información sobre el
papel
desempeñado por Chiquita en el contrabando de 3.000 rifles AK-47 y
millones de
cartuchos de munición enviados a los paramilitares en noviembre de 2001.
Una multa de 25 millones de dólares es
sólo un tirón de orejas para
una corporación multimillonaria como Chiquita, el precio que hay que
pagar por
hacer negocios. Presidentes como George W. Bush y Uribe, hombres de
negocios
ante todo, a pesar de encontrarse en un pleito por las extradiciones,
nunca
perderían de vista su objetivo común de mantener a toda costa el
llamado
régimen de libre comercio, estridentemente corporativo y respaldado
militarmente. Mientras las cosas no cambien, líderes sindicales y
agricultores
como aquellos hombres de Chengue seguirán siendo víctimas mortales por
parte de
Chiquita o de cualquier otra empresa multinacional.
Ese próximo plátano orgánico y de
comercio justo que compres bien podría salvar una vida.
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