Tres años después de que estallase la burbuja de los créditos subprime las mismas entidades financieras que tuvieron que ser rescatadas por los Estados anuncian beneficios récord. Ganancias que han obtenido gracias a la conversión de la deuda privada -la de los bancos- en deuda pública -la de los Estados-. Pasado este tiempo, los remedios milagrosos impuestos por el G-20 y su empeño en resucitar aparatos al servicio de las grandes transnacionales como el FMI o el Banco Mundial sólo han puesto de manifiesto que una salida capitalista a la crisis ahondará en la pérdida de derechos sociales y laborales en todo el mundo.
En la Unión Europea hemos visto los estragos de esa política en Grecia, donde, a pesar de cinco huelgas generales que han contado con la participación de gran parte de la sociedad, el Gobierno del PASOK ha seguido fiel a los chantajes que el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea: congelación de salarios, aumento de la edad de jubilación, abaratamiento del despido: todo para mantener una dinámica que garantice los beneficios de grupos empresariales a costa de la privatización de lo común, de la generalización de la precariedad y la explotación de los recursos naturales.
En el Estado español, los ataques a las clases populares y trabajadoras llevadas a cabo por el Gobierno social liberal de Rodríguez Zapatero se han traducido en el recorte de los sueldos públicos; el recorte brutal de la prestación de cuidados familiares de la Ley de Dependencia; el aumento de la edad de jubilación y de los plazos para el cómputo de la misma y los anuncios de reforma de las prestaciones por desempleo. A estas medidas y propuestas, dictadas por las agencias de calificación de riesgo y otras instituciones al servicio del capital transnacional, se ha unido la vieja demanda de la patronal de abaratar aún más el despido y modificar las relaciones laborales en todas sus fases, desde la entrada hasta la salida.
El 29 de septiembre comienza un nuevo ciclo de esta
crisis. Por primera vez el Gobierno, la oposición y los mercados van a
recibir una respuesta de las personas que mantienen viva la economía de
este país por medio de su trabajo. Pero es probable que sean necesarias
más respuestas para detener la ofensiva con que el capital viene
rebajando los derechos y las condiciones de vida de los y las
trabajadoras. Por eso, os emplazamos a debatir con nosotros cómo hemos
llegado hasta aquí; qué va a suponer la reforma laboral sobre nuestras
condiciones de vida y trabajo; qué debemos hacer para que la huelga sea
una respuesta contundente que sirva para detener la reforma laboral y
para recuperar los derechos perdidos en el último año.
Si habéis llegado hasta aquí y lo queréis difundir tb
por facebook
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